¿PUEDE HABER EN CHILE UNA DERECHA LIBERAL?

El liberalismo chileno desapareció hace mucho tiempo: en el siglo XIX la visión liberal del hombre y de la historia representó lo más avanzado entre las tendencias socio-políticas; hubo un liberalismo llamado “rojo”, que iba desde Francisco Bilbao – lamentablemente poco conocido hasta nuestros días – hasta José Manuel Balmaceda, cuyos ideales representaban un profundo cambio libertario. Durante el siglo XX, una vez apagadas las luchas teológicas, liberales y conservadores aglutinaban a miembros de la misma oligarquía. En el parlamentarismo, (1891-1925), la Coalición conservadora y la Alianza liberal eran dos versiones del “duopolio”, como hoy lo son la Alianza y la Concertación.

Desde la apoteosis del neoliberalismo, hay poco espacio para concepciones propias del neoliberalismo político, pues esta tendencia tiende a exaltar el absolutismo del mundo del dinero por sobre cualquier búsqueda de libertad política, así, el neoliberalismo se convierte en la más radical anti utopía que haya existido durante el siglo XX y las casi dos décadas del presente siglo.
La imposibilidad de resurrección del liberalismo histórico en la derecha chilena explica por qué la crisis, a raíz de la derrota presidencial, en diciembre de 2013 caiga, exclusivamente, en el partido Renovación Nacional, dejando casi incólumes a los fascistoides franquistas del partido UDI.

No me carece verídico asimilar a Renovación Nacional a los antiguos liberales y conservadores, como tampoco al Partido Nacional aun cuando, sabemos, son hijos del Líder Sergio Onofre Jarpa, un nacionalista corporativista que, en su tiempo, hegemonizó  la derecha militarista, que luego llevó a Chile al golpe de Estado de 1973.

Renovación Nacional no fue nunca un partido político con un cuerpo ideológico de perfiles definidos, y  la estulticia de la “patrulla juvenil” y del “liberalismo” de los Piñera, Espina, Matthei y Allamand, entre otros, fue más bien una invención de la Concertación que necesitaba un interlocutor de “derecha democrática” para llevar a cabo una transición a la democracia que mantuviera intacta la herencia del dictador Augusto Pinochet.

Con la perspectiva del tiempo, podemos ver con meridiana claridad que el liberalismo de Piñera,  Allamand, Matthei y Espina, para  sólo citar a algunos, no tenía ningún asentamiento en la realidad, sino en los deseos de una Concertación, cada día más entregada al neoliberalismo.

Esta idea de que en Renovación hay liberales e hijos de Pinochet – o si ustedes quieren, liberales y conservadores,  libertarios y autoritarios – no corresponde a la realidad pues, en el fondo, siempre dominaron los conservadores a ultranza, y los intentos de Andrés Allamand, disfrazado de liberal, cayeron en el ridículo – hoy se encuentra plenamente desenmascarado -.

En 1993 fue candidato a diputado por el distrito 23, Las  Condes, Vitacura y Lo Barnechea, y fue derrotado por el UDI Carlos Bombal; en 1997, nuevamente postuló a senador, por Santiago Oriente y, nuevamente, fue cayó ante Bombal; para completar esta historia de derrotas, cayó en Las primarias contra Pablo Longueira; las únicas veces que ha tenido éxito relativo fue, 2005, en la solamente, y gracias al binominal, corrían dos candidatos en esta preciosa democracia, heredada de Pinochet - y en las parlamentarias de 2013, en que le ganó al UDI, Pablo Zalaquet.

Andrés Allamand es un personaje sinuoso que pasa, desde “travesías por el desierto” a ser “samurái” de Joaquín Lavín; de niño símbolo de la Concertación, al rey del desalojo; de “liberal”, al extremo autoritarismo, es decir, “al sol que más caliente”, sin embargo, ante el vacío de personalidades, es el único derechista con un cierto historial y peso político, en consecuencia, puede decirse, en buen chileno, que no es bueno, pero es lo que hay.

El columnista Carlos Peña deja entrever que la derecha, hoy, carece de liderazgos. Este hecho no nos puede extrañar, pues el único líder poderoso de la derecha ha sido Augusto Pinochet y, después de él sólo ha habido administradores de su brutal legado. Con la derecha chilena ocurre algo parecido a la española: dos repugnantes militares que mueren en su cama, rodeamos de cuidados y homenajes póstumos, y unas democracias que, hasta ahora, no han logrado salir de su enfermedad dictatorial de origen. Moncloa, como “los acuerdos” con Renovación Nacional, se han demostrado incapaces de la construcción de una verdadera democracia.

Esta es la razón por la cual comparto menos la apología del politólogo español,  Juan Linz, al referirse al parlamentarismo español que, si bien es cierto es superior en calidad al presidencialismo monárquico chileno, sin embargo, cuando un partido reaccionario, como el PP, tiene mayoría parlamentaria, puede destruir cualquier democracia, y no existe ningún fusible viable.

En síntesis, en la ara del neoliberalismo posmoderno, una derecha liberal, tanto en Chile, como en España, no tiene espacio, y estamos obligados a debatirnos entre la reacción y la traición socialdemócrata.

Para El Examinador.cl
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
HISTORIADOR, ESCRITOR, DOCTOR EN EDUCACIÓN
FELIZ AÑO NUEVO A TODOS LOS LECTORES(AS)     

ALFONSO BAEZA, UN VERDADERO CURA DE LOS POBRES

El Padre Baeza era chico, rechoncho y con cara de pueblo, todo lo contrario de los pastores de “vacas gordas”, que visten sotanas de lujo y perfectamente planchadas por la servidumbre o por monjas serviles. A través de la historia se ha podido constatar la existencia de una Iglesia católica ramera de los ricos y otra, como la de Alfonso Baeza, Esteban Gumucio, Mariano Puga, José Aldunate, Felipe Berríos,  y otros menos conocidos, que han dedicado su vida a la misión evangélica y a vivir entre los pobres y, sobre todo al servicio de la justicia social y de los derechos humanos.
               
Baeza se caracterizaba por traer a lo cotidiano la idea sencilla de que el cristianismo, en su mensaje de igualdad entre los hombres, sólo puede desarrollarse en plenitud en medio de los pobres, a imitación profunda de su Maestro.
               
En un Chile actual, consagrado al dios del dinero, y en una Iglesia que anda más preocupada de los genitales, tanto masculinos, como femeninos, de combatir con todo su poder el matrimonio igualitario, de condenar más que acoger a los seres humanos, de atesorar riquezas e, incluso, vivir en la opulencia, un cura como Alfonso Baeza, que rompe esquemas y consagra su vida a los pobres y a los trabajadores, no pega mucho un mundo en que lo único  importante es el éxito y el dinero de unos pocos, sobre la mayoría, que vive en condiciones indignas.
               
Baeza murió como a la mayoría de nosotros nos gustaría “pasar al otro mundo”, durante el sueño y sin siquiera darnos cuenta. Recuerdo cuando acompañamos a enterrar a un buen amigo mío, Nelson Souci, y recorríamos con Baeza y otros amigos el Cementerio General con el objetivo, además, de visitar las tumbas de nuestros parientes, él, con toda sencillez, nos mostró la de sus padres y hoy, se encuentra entre los suyos, que le han precedido.
               
La Iglesia de Alfonso Baeza estuvo inspirada en Juan XXIII y la doctrina del Concilio Vaticano II, como también en las Conferencias Episcopales de Medellín y Puebla, que trazaron una verdadera opción por los pobres y los derechos humanos. En Chile fue la Iglesia  del Cardenal Raúl Silva Enríquez que, en plena dictadura, se constituyó en “la voz de los sin voz”, y Baeza fue una persona fundamental no sólo en la defensa de los perseguidos por la tiranía, sino también  en el compromiso del cristianismo con los  trabajadores en la promoción de sus derechos y de su dignidad.
               
Hoy es más difícil encontrar en la Iglesia católica  a curas que viven con los pobres y que se transforman en uno de ellos, aun cuando por origen familiar hayan pertenecido a la burguesía o a la aristocracia. Tuve la suerte de ser testigo de esta identificación de algunos hombres consagrados en verdaderos pobres, por ejemplo, en el caso del tío Estaban Gumucio, que es muy similar al de Alfonso Baeza; recuerdo que cuando Esteban visitaba mi casa “olía a pobre” lo cual, a la larga, constituye una esperanza de que al fin Cristo pertenezca a los pobres y se identifique con ellos, y no lo conviertan en un “ginecólogo”, cuya única misión sea la del vigilar y condenar el actual de la gente en su vida sexual, sin tener en cuenta que los verdaderos pecados son la avaricia, la codicia, la soberbia, el robo de los bienes y del esfuerzo de los trabajadores y, en general, de todos los pobres del campo y la ciudad.
               
El evangelio de Baeza no se basa en “Sodoma y Gomorra”, como ocurre con ciertos derechistas, sino en la práctica de las Bienaventuranzas, la parábola del joven rico, la del Buen Samaritano, la del rico Epulón y Lázaro, y otras enseñanzas de Jesús sobre la igualdad, fraternidad y solidaridad entre los hombres.
               
Voltaire, buen alumno de los Jesuitas, pensaba que la religión podría ser muy útil para mantener a los campesinos y pobres bajo el dominio de una minoría, que debería manejar a una mayoría de ignorantes y miserables, pero sacerdotes como Alfonso Baeza, y tantos otros consagrados y laicos que viven entre los pobres, desmienten esta cínica visión de este filósofo, del Siglo de las Luces, que anticipaba la concepción de la religión como “opio del pueblo”, de Karl Marx.

Para El Examinador.cl
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
PROFESOR, HISTORIADOR, DOCTOR EN EDUCACIÓN 

YA GANÓ MICHELLE BACHELET, PERO SEGUIRÁ LA JAULA DE HIERRO

No cabe duda que Michelle Bachelet ganará,  por goleada, la segunda vuelta del próximo 15 de diciembre que, de seguro, se caracterizará por la  apatía en la concurrencia a las urnas por parte de los ciudadanos – ya es un dato de la causa que los chilenos no creen, hoy por hoy, en la democracia electoral -.  Dos decenios de poder hegemónico de castas corruptas ha acabado por minar las ilusiones surgidas en la ciudadanía a raíz del fin de la dictadura.

Desde antes de la asunción del primer gobierno democrático, el liderazgo de la Concertación ya había vendido su programa progresista a los representantes de la dictadura y, desde ese entonces y sucesivamente, la Concertación y la Alianza estrecharon lazos “fraternales” y optaron por coludirse. Se da la paradoja de que los dos gobiernos más queridos por los empresarios y banqueros fueron Lagos y Bachelet – cuando los socialistas, traicionando su doctrina, se deciden a convertirse en los mozos del capital, son mil veces más serviles que los más exacerbados neoliberales; no en vano, los yanaconas, indios de servicio, eran más letales para los mapuches que los mismos españoles.
               
Sabemos que Michelle Bachelet no va a llamar a una Constituyente, que sería la forma en que los ciudadanos podrían debatir sobre sus propias reglas de convivencia, pues por más buena voluntad que tenga, en la Concertación está inserto un sector de “yanaconas” neoliberales y conservadores democratacristianos, que están muy cómodos en el Chile heredado  del dictador, especialmente en su Constitución ilegítima y autoritaria.

Aunque los muy hipócritas de boca para afuera proclamen, a los cuatro vientos, querer reemplazarla por una nueva, en el fondo, ellos saben bien y están a gusto con el statu quo – entre estos personajes se encuentran algunos más sinceros que sostienen abiertamente que Bachelet tal vez deje para las calendas griegas la anhelada “nueva Constitución”, por ejemplo, en un Diario de la capital, el secretario general de la OEA expresó que “no había que preocuparse por la propuesta programática”, como diciéndoles a sus amigos de derecha que no hay que temer, pues todo seguirá igual para “bien del país y sus maravillosas instituciones, inventadas por el “genial” político, Jaime Guzmán -.
               
El llamar a una Constituyente, en un país en que nunca, en su historia, los ciudadanos han podido participar en la construcción de la Carta Magna, pues ha sido impuesta por las castas políticas, económicas y militares, es decir, por el poder del dinero y la espada, sería el acto normal por excelencia para fundar, de una vez por todas, una república que, en su larga historia, pues los ciudadanos –los auténticos mandantes– sólo se han limitado a participar en plebiscitos fraudulentos, confirmando la voluntad omnímoda de tres grandes tiranos: Diego Portales, Arturo Alessandri Palma y Augusto Pinochet Ugarte.
               
Ya sabemos que con la conformación  Congreso elegido el 17 de noviembre es imposible alcanzar el quórum de dos tercios para reformar, ni mucho menos, para aprobar una nueva Constitución por parte del legislativo; lo único que tal vez podría lograrse, previos acuerdos con la derecha, sería reforma tipo Lagos Escobar, en 2005, es decir, no tocar ningún punto vertebral de la herencia dictatorial. Mucho me temo que las buenas propuestas del profesor Frenando Atria queden solamente en el papel, simplemente como elucubraciones de un distinguido académico.
               
Si efectivamente, la Presidenta “casi” electa estuviera decidida a propiciar y promulgar una Nueva Constitución, al menos, pediría a sus electores que agregaran a la papeleta de votación las letras AC, RESOLUCIÓN QUE NO HA TOMADO HASTA AHORA, actitud que permite sospechar que se limita a proponer una “casi” reforma a la Constitución, y que poco le interesa que el pueblo participe en la definición de las propias reglas del sistema político.

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RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
PROFESOR, HISTORIADOR, DOCTOR EN EDUCACIÓN 

LA PARTIDOCRACIA ES TAN LETAL A LA DEMOCRACIA COMO EL POPULISMO

La partidocracia, es decir, la representación de la soberanía popular sólo en base de un único o de múltiples partidos es, a mi modo de ver, tan letal a la democracia representativa, como el populismo: ambos extremos terminan por transformar la soberanía del pueblo en una ramera, sirviente de un líder autoritario, o de un conjunto de mafiosos que, en nombre de una organización, pretenden dominar la vida política.

La famosa tesis de Michels se ha cumplido como una profecía en  historia contemporánea de los partidos políticos: “toda organización de masas termina en una oligarquía”; la dirección siempre reemplaza al militante y actúa sin respetar su opinión. Los partidos políticos del siglo XX han sido la excrecencia de la democracia terminando, al fin, convirtiéndose en dueños que se reparten el botín del Estado.

En la clasificación de partidos podríamos distinguir a aquellos únicos, como el estalinismo y el fascismo – afortunadamente hoy desaparecidos -  y pluralistas, como la Socialdemocracia y Democracia Cristiana que, en el presente siglo, han perdido todo sentido político y, por lo tanto, puede considerarse que su misión histórica fue cumplida.

Tanto en Chile como en los demás países del mundo los partidos políticos burocráticos del siglo XX son despreciados por los ciudadanos: en ningún país del mundo un joven, con mediano sentido común, ingresaría voluntariamente a estas mafias, salvo que esta acción lo llevara a detentar puestos fiscales y, aún mejor, a enriquecerse a costa del reparto del botín fiscal.

Como toda burocracia, la del sistema de partidos políticos chilenos ha construido conjunto de leyes que, aunque ilegítimas, les permita mantener el monopolio de la expresión soberana, emitida en las urnas - un sistema binominal que la mayoría de los hipócritas, sean de la Concertación o de la Coalición por el Cambio, dicen querer cambiar, pero que jamás lo harán; un universo electoral cada vez más viejo y una actitud de negación frente a la incorporación de los jóvenes en política -.

Al igual que en la vida económica, esta seudo  democracia chilena adolece de una seria inclinación monopólica, es decir, se trata de que haya los menos bancos posibles, menos farmacias, menos retail…; el ideal sería que las pocas empresas  que restan en competencia se fusionaran –Ahumada con las tres restantes y así en las distintas combinaciones entre ellas; algo similar debiera ocurrir en los partidos políticos actuales: baste con dos grandes conglomerados, Alianza-Concertación, con sus pequeñas subsedes UDI-RN y PS-DC,  respectivamente-. Mientras haya menos competidores, “el mercado político funciona mucho mejor”.

En nuestro país más del 80 por ciento de los encuestados rechaza a los partidos políticos y con mucha razón: consideran que sus dirigentes, la mayoría con más de 30 años en diversos cargos, tanto en Parlamento como en el Ejecutivo, nada tienen que ver con el bien del país, que ha tenido que elegirlos al no tener alternativas; sólo gente muy limitada mentalmente puede considerar elección cuando hay dos rivales, generalmente nominados por los partidos, con sillón asegurado.

Si algo define la palabra “conservador” es querer mantener la situación tal cual está; el famoso Acuerdo de limitar la posibilidad de presentación a las elecciones de quienes renuncian a los partidos es otra payasada en contra de la libertad electoral de nuestros conservadores padres conscriptos, que se han hecho famosos por succionar la teta de sus propios partidos y, lo que es peor, del Estado chileno. Camilo Escalona, Andrés Zaldívar, Ricardo Lagos Weber, entre otros honorables no pasarán a la historia por sus servicios prestados a la democracia, sino como sempiternos apitutados que no han hecho más que destruir, “para el bien del país”, a la fenecida Concertación que, de tiempo en tiempo, emana putrefactos y adormecedores olores.

Elegir entre la partidocracia y el populismo es una gran estupidez: ambas alternativas tiene como único objetivo la destrucción de la democracia representativa. Mientras sigan subsistiendo los Escalonas, los Lagos y los  Zaldívar, “la política chilena será una mierda”

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RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
HISTORIADOR, ESCRITOR, DOCTOR EN EDUCACIÓN

¿CUÁNTO VALE UN SILLÓN PARLAMENTARIO?

Además de ser una siutiquería, es una falacia que “en las elecciones se expresa la soberanía popular”, pues desde que existen los candidatos, los gobiernos, los partidos políticos y, sobre todo, los dueños del poder económico, los interesados recurren a diversos expedientes para falsificarla. Entre esas patrañas podemos destacar: 1) el sistema binominal; 2) el cohecho directo o disfrazado – por  ejemplo, en anteojos, zapatos, y otros , el primero y, el segundo, en intervención electoral, feria de bonos y oferta de trabajo -; 3) el aporte económico de las transnacionales a las distintas candidaturas.
               
En Chile, durante el siglo XIX nuestros bisabuelos eran más francos: el Presidente nombraba a su sucesor y al parlamento en pleno; posteriormente, hacia el siglo XX, con un poco de dinero se compraba un escaño en el congreso – según el historiador Alberto Edwards, los cargos parlamentarios eran equivalentes a los títulos de nobleza que ostentaban los antepasados coloniales de los padres conscriptos – y cada uno valía un millón de pesos de la época (hoy, equivalente a un millón de dólares) -.
               
En la actualidad, según los investigadores de CIPERChile, Endesa, Enersis y otras empresas eléctricas van a repartir, entre todos los candidatos, un buen paquete de millones de dólares – “entre todos los candidatos” es un eufemismo, pues siempre hay unos más iguales que otros -. Por cierto, los bancos y los malls no declaran cuándo entregan a los candidatos que tienen más posibilidad de triunfar en el binominal que, evidentemente, pertenecen al duopolio.
               
Podemos estar seguros de que los parlamentarios elegidos van a legislar a favor de las empresas y así se convertirán en unas marionetas de sus verdaderos patrones. Al menos, en el parlamento de otrora no disimulaba: había consejerías parlamentarias en que los “representantes del pueblo” se sentaban en los directorios de las empresas y no faltaba el frescolín que, con frecuencia, elegía siempre integrar las comisiones donde estaba la papa – minería, agricultura y bancos -.
               
Ciudadanos inteligentes.cl acaba de publicar los aportes económicos, reconocidos por las  distintas candidaturas presidenciales, en que sólo cuatro de ellas han develado este misterio: Marco Enríquez-Ominami – que lo hizo en primer lugar -, seguido de Marcel Claude, Ricardo Israel y de Franco Parisi; aún estamos a la espera de que los otros cinco los imiten y transparenten sus intereses y compromisos con sus benefactores.
               
Voto inteligente.cl está comparando los programas de los candidatos e, incluso, basándose en un perfil del visitante, indica cuán de los programas de gobierno se acerca más  a sus ideas - lo único triste es que,  casi seguro, Bachelet no va a cumplir ni un 10% de sus propuestas, con la explicación de que no cuenta con la mayoría en el Congreso, es decir, echarle la culpa a los democratacristianos y a otros reaccionarios que hoy forman parte de su comando -.
               
El querer convertir la plutocracia en democracia es un buen deseo y muy loable por parte de ciudadanointeligente.cl, pero es muy difícil, pues equivaldría a transformar a la familia Corleone,  o al Cartel de Medellín en una pía asociación, como los “Caballeros de Malta”. Lo cierto es que, en Chile, cada cuatro años hay un remate de cargos parlamentarios – como La Polar, “llegar y llevar”.

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RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS

HISTORIADOR, ESCRITOR, DOCTOR EN EDUCACIÓN

CINCO MILLONES DE DESERTORES ESCOLARES: EL WATERLOO EDUCATIVO DEL DUOPOLIO

En 1920, después de una larga guerra entre el Estado docente y la libertad de enseñanza, que traspasó la historia de Chile a partir de la “cuestión del sacristán” y del nacimiento del Partido Conservador. Al final del gobierno del liberal democrático Juan Luis Sanfuentes, liberales y conservadores acordaron aprobar la Ley de Instrucción Primaria y gratuita, cuyos héroes fueron el educador Darío Salas, los políticos Pedro Aguirre Cerda, Manuel Rivas Vicuña, Rafael Luis Gumucio, entre otros. El día de la promulgación de la Ley se celebró un gran desfile estudiantil, preparado por Darío Salas.
               
Como siempre, en este “Chile a medias”, la ley fue mal implementada, sumado a las penas  que se aplicaban a los patrones de fundo que impidieran que los hijos de los campesinos asistieran a las escuelas, que eran irrisorias,  restaban efectividad a una ley bien intencionada. “El gobernar es educar”, de Pedro Aguirre  Cerda y la reforma educacional de Frei Montalva contribuyeron a que, en parte, se cumplieran las promesas de  la Ley de Instrucción Primaria obligatoria y gratuita, pero en la realidad, en la época republicana, la deserción escolar siguió siendo catastrófica.
               
Si actualmente hay cinco millones de desertores que no alcanzaron a terminar el cuarto medio, se demuestra la falsedad de los ineficientes ministros de Educación de la Concertación y  de la Alianza que nos aseguraban que  la cobertura en la educación básica y media era plena, lo cual ha sido desmentido, irrefutablemente, ante el hecho de que casi un tercio de la población chilena deserta de la educación formal antes de terminar sus estudios – pensemos que hoy, para el trabajo más modesto, se exige un mínimo de cuatro años cursados en la enseñanza media -.
               
Plantear constitucionalmente la garantía de enseñanza media para todos los chilenos es tan falsa como la ley de 1920, si no  se agrega un componente fundamental que consiste en el derecho de todos los ciudadanos para querellarse contra el Estado de Chile si no cumple con esta garantía constitucional de dar educación gratuita y de calidad para todos los chilenos, tanto en la educación pre-básica, básica  y media, como también la aplicación de penas aflictivas graves a quienes apliquen la selección de alumnos, en cualquiera de los niveles de enseñanza.
               
La cifra de los alumnos y alumnas que no terminan, ni siquiera, el cuarto medio, demuestran que el Chile, condenado a la ignorancia y a la desigualdad, es aún más insoportable que el que nos mostraba los Potenkin de la Concertación y la Alianza - en la monarquía zarista se hicieron famosas las aldeas Potenkin: cada vez que la zarina Catalina II visitaba una aldea, el ministro “enchulaba” las casas de los campesinos para que la soberana creyera que toda estaba perfecto; lo mismo hicieron los ministros de Bachelet y Piñera, por ejemplo, para engañar a sus respecticos “zares y zarinas”.
               
De descorrió el velo: la educación chilena no sólo es una mierda desde el punto de vista de la calidad y equidad, sino también de la cobertura. Consideremos que los cinco millones de desertores escolares equivalen al número total de votantes en las últimas elecciones municipales, así que llamar a este país “democrático” es un sarcasmo y un insulto a la verdad.

La revolución educacional es la tarea fundamental del próximo gobierno, y no podemos permitir que, nuevamente, nos engañen con promesas y, luego, gobiernen con explicaciones y justificaciones, a las cuales nos tiene acostumbrados la Concertación personalmente, no sé por qué me huele que la “virgen de los pillines” nos va a mentir.

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RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
HISTORIADOR, ESCRITOR, DOCTOR EN EDUCACIÓN

SEGUNDO INTENTO DE UN DEBATE: NULOS RESULTADOS

No hay caso: en este país conservador jamás habrá un debate como Dios manda, pues la ausencia de contradicciones en sus planteamientos entre los candidatos, sólo favorece a un sector: el duopolio, en especial, a la candidata de la Concertación que, toda calma y comodidad, se da el lujo de callar u omitir cualquier cuestionamiento -  es como si fuera una virgen que acabara de caer de los cielos, que carece de pasado y que sólo es presente -.
               
En el candente tema sobre educación  los candidatos  estuvieron de acuerdo en eliminar el lucro, terminar con la selección, con el copago, por una educación igualitaria, gratuita, de calidad y republicana, salvo, claro está, Evelyn Matthei que, al igual que su mentor, Sebastián Piñera, es partidaria de concebir la educación como un bien de mercado – el que tiene más, compra  lo que  le parece mejor -. El diagnóstico es demasiado evidente, en el llamado “debate”: escuelas para ricos y escuelas para pobres - para “estrellados y para los que nacen “con estrella”; los “Machuca, lavando pisos y, los Infante, ejerciendo de gerentes – escuelas que se venden con alumnos incluidos y copago, inventado por el ex ministro de Educación, Jorge Arrate, y así sucesivamente.
               
Michelle Bachelet, o es la reina de los hipócritas, o quiere engañar a muchos “giles” o, también puede ser ingenua, pues ella fue la propiciadora de la Educación Pública, al aprobar la LGE, en una “transaca” repugnante con la derecha. Sus ministros de educación fueron, en su mayoría, un desastre y muy rechazados por los indignados estudiantes – Martín Zilic debió abandonar el cargo debido a su incapacidad para resolver los problemas educativos, puestos en la agenda por los pingüinos; Yasna Provoste fue acusada y condenada por el Congreso y, Mónica Jiménez, fue encara por María Música y humillada al recibir de esta estudiante un vaso de agua en pleno rostro – esperemos que ahora no cometa los mismos errores que en “su primera encarnación”.
               
En economía, hay aportes importantes de algunos de los candidatos como la nacionalización del cobre,  como también la propuesta de Marco Enríquez-Ominami al proponer utilizar íntegramente los recursos del cobre para financiar la revolución educacional – a mi modo de ver, no debiera ser paulatina, sino radical, pues hay que destruir de, raíz, el modelo de mercado de Friedman -. En este pseudo-debate se omitió la reforma tributaria, que constituye la base del financiamiento de la necesaria revolución, tanto en salud, como en educación.
               
Personalmente, me gustan las intervenciones de Roxana Miranda, pues dan un toque de realidad al mostrar el Chile clasista,  racista y xenófobo, con ejemplos  concretos de la vida cotidiana de los más pobres, pero esta vez pienso que no estuvo a la altura de la primera parte del debate de ANATEL, pues estuvo bastante repetitiva y carente de propuestas.
               
Fuera del escenario del foro, el periodista Mery, asesor de Franco Parisi, protagonizó un incidente digno de su bajo nivel intelectual y moral, agrediendo a  periodistas de La Tercera y la Radio Bío Bío. No hay caso: Parisi, en verdad, no posee la estura requerida  para ser candidato presidencial.
               
Este último día de “preguntas y respuestas” entre periodistas y candidatos, estoy seguro de que tendrá muy poca incidencia en la intención de voto de los indecisos que, por lo demás, los candidatos no lograron diferenciarse entre sí, pues sus respuesta eran bastante similares – salvo las de Matthei, que representa a la ultra derecha conservadora  y su posición frente a temas como la educación y la economía estaban pauteadas previamente.
               
Estos falsos “debates” no cumplen la función de educar a los electores, y nuevamente se perdió una buena oportunidad para acortar la brecha del analfabetismo político. La televisión abierta que pudiera ser el medio para llegar a la gente - que ve cuatro horas de televisión al día – se ha transformado en el adormecimiento y conformismo del ciudadano común. Y pensar que ley de televisión digital no solucionará  en nada este marasmo cultural.

Para Tejemedios escribió:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
HISTORIADOR, ESCRITOR, DOCTOR EN EDUCACIÓN

MARCO ENRÍQUEZ-OMINAMI CITADO A LOS TRIBUNALES

Un extraterrestre, que gusta esconderse de la gente, acaba de presentar un querella criminal, por injurias y calumnias con publicidad, en contra del candidato presidencial, Enríquez-Ominami, quien en un foro presidencial osó comparar al extraterrestre Alf con Osvaldo Andrade - que oficia de presidente del Partido Socialista de los neoliberales – diputado que responde al apodo “chupete de fierro” y si hubiera un concurso para premio “limón”, lo ganaría de lejos – es mil veces más pesado y prepotente que el “chino Ríos” en su época de gloria, pero que carece, en grado heroico, del talento del gran tenista - y  sin querer ofenderlo más, podríamos decir que es un tontuelo rematado y para el colmo, cuenta con la magra representación de sólo el 8% de los electores de Puente Alto y aún piensa reelegirse para el siguiente período - parece que se tomó en serio aquello de que los actores políticos deben tener poca vergüenza -.
               
Alf, nuestro extraterrestre, se sintió muy ofendido por la comparación que hizo Enríquez-Ominami y se dirigió a la asociación de personajes de películas y tiras cómicas para que lo apoyara en la acción judicial que iba a emprender. Entre los asistentes a la reunión estaban Blanca Nieves (Bachelet) y los siete enanitos (presidentes de Partidos); el señor Burs, (jefe explotador de los Simpsons) (Franco Parisi); doña Cruela (Evelyn Matthei): los más enojados eran los títeres usados en la Franja en las primarias del siempre derrotado Andrés Allamand – otro chupete de fierro, tanto o más pesado que Andrade -; Murdock estaba muy “achunchado”, pues había sido despedido de un programa en TV, por anti semita – para ser un candidato que se aprecie hay que haber sido imitado, siquiera una vez, por Stephan Kramer y, a muchos de estos personajes animados les encantaría tener el coraje de Alf y querellarse contra un candidato presidencial -.
               
Chile es el país  ideal para poner en práctica el “carerrajismo”: por ejemplo, Laurence Golborne critica la elusión tributaria y la falta de transparencia: nada menos que se empeña en tratar de moralizar las prácticas políticas, sin acordarse de que fue defenetrado a causa de su inversión de millones de dólares en Las Islas Vírgenes, además de ser cómplice en la estafa a los clientes de CencoSud - es como predicar “con el marrueco abierto” -. El delito de Franco Parisi, al apropiarse del dinero de los profesores, es tanto o más  grave que el de Golborne, con la diferencia de que a Parisi nadie lo puede sacar de la carrera, pues es independiente y, por otra parte, no tiene a los torturadores de la UDI.
               
A diferencia de Alf, los pillines de la Concertación, que hoy usan un alias para tratar de borrar sus anteriores 20 años de traición, cada día se muestran más en público: ya perdieron la timidez e inocencia virginal y primigenia.  Fue muy oportuna y valiente la actuación de Marco Enríquez-Ominami al mostrar, durante el foro radial, la presencia de semejante “bacalao” – el presidente del Partido Socialista – a fin de que la gente se diera cuenta de que bajo la pollera de “mamá” se esconden unos patitos, más sinvergüenzas que el símbolo del BancoEstado -.
               
La simpatía de la candidata de la Nueva Fanfarronería propicia la candidatura de los peores personajes de “Carerrajalandia” quienes, en su mayoría  postulan a la repetición del plato, para seguir infamando a las instituciones más odiadas y rechazadas por la opinión pública – el senado y la cámara de diputados -. En este festival de frescolines encontramos, por ejemplo, al nunca bien ponderado Camilo Escalona, a Hosain Sabaj, a Guido Girardi y otros, sin embargo, así aún pretenden doblar en varias circunscripciones.
               
La candidata de la Nueva Mayoría representa a la nueva cara de la derecha y, además, posee más recursos que la Matthei, puede darse el lujo de mostrar, a la luz del sol, a los representantes de los intereses que defenderá en los próximos 4 años – los Cortázar, La Polar, Javiera Blanco y los Edwards, los Luksic y los Saieh, entre otros.
               
Le deseamos a Enríquez-Ominami una avenencia conveniente con sus querellantes y, ojalá, le pida perdón a Alf por tamaña injuria.

Para Tejemedios escribió:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
HISTORIADOR, DOCTOR EN EDUCACIÓN

FRANJAS, ENCUESTAS Y DEBATES

En 1895, Gustave Le Bon publicó su obra La psicología de las masas, por medio de la cual entregaba distintos elementos de la psicología a los líderes políticos, a fin de que pudieran manipular, de la forma más asertiva posible, a las masas que, por naturaleza, son manejables si recurre a la interpretación de sus sentimientos, pasiones, emociones, antipatías, odios y frustraciones. Este pensador francés fue inspirador, en Chile de los años 20, del agitador y demagogo Arturo Alessandri Palma, su admirador incondicional.
               
En la sociedad de masas, las manifestaciones políticas populares tenían un papel fundamental en el pronóstico del fruto de las campañas y del posible resultado electoral- en un comienzo, se trataba de reunir cerca de nueve mil personas en el Teatro Caupolicán, y al fin de la campaña, el desafío consistía en convocar a las masas a la Plaza Bulnes que, normalmente, tenía una capacidad para tres mil ciudadanos – y era entonces cuando el discurso del líder tenía un rol  fundamental – en ese tiempo había grandes oradores, como Radomiro Tomic, Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende, entre otros -.
               
En la actual sociedad, las manifestaciones populares juegan muy escaso papel, pues a ningún candidato se le ocurriría convocar a una manifestación en la  Plaza Bulnes o en otra similar, ya que en esta época posmoderna, la verdad comunicativa se presenta como el instrumento fundamental: las campañas transcurren a través de las redes sociales, la televisión y la relación presencial mediante el puerta a puerta, sin embargo, aún las teorías de Le Bon, surgidas en la sociedad de masas, tienen vigencia; algo similar ocurre con la “ley de hierro de las oligarquías respecto de los partidos políticos”, (ley de Michels).
               
A un mes escaso de las elecciones presidenciales, con un 15% de indecisos, sumado a un número enorme de un millón o más de personas de quienes ignoramos si van o no a concurrir a las urnas, las  manipulaciones mediante los medios de comunicación de masas y de las redes sociales pueden de vital importancia, sobre todo, como se ha comprado durante estos días, si se recurre a la psicología de las masas, propuesto por Le Bon, quien bate el récord en el abuso de los métodos de persuasión – de este estilo es el candidato Franco Parisi, que recurre a la estrategia de agitar las pasiones populares, fundamentalmente, las anti políticas; debemos reconocer una cierta eficacia a este método, como ocurrió en la presentación de su primera franja electoral -.
               
Otra forma de manipulación para ganar indecisos se ha centrado en las famosas encuestas que, como decía Marco Enríquez-Ominami, “son como los perfumes, que no sirven para tomarlos, mucho menos para alcoholizarse con ellos”. Hay encuestas de todo tipo: unas como whisky etiqueta negra y, otras, como el “bigoteado”; entre las primeras, las presenciales (Universidad Diego Portales, CEP, Cerc, UDD), y otras, las telefónicas, en que la mayoría de los chilenos ya no cuentan con teléfono fijo, por consiguiente, tienen grandes márgenes de error.
               
En las últimas elecciones municipales, los pronósticos de los debates, las encuestas fueron desacertados, si les hubiéramos creído, Zalaquet hubiera sido acalde de Santiago y Labbé, de Providencia.
               
A los politólogos les agrada jugar con las características psicológicas de aquellos ciudadanos que no responden a las encuestas, definiéndolos como “derechistas”, que no se atreven a manifestar su opción política por vergüenza, pero esta hipótesis me parece un solo divertimento sociológico. Si las encuestas se atuvieran a su margen de error, que no supere el 3%, no sería necesario hacer elecciones.
               
La franja y los debates tienen sus propios modelos: la primera, del NO, en que se destaca la alegría y el optimismo – que, posteriormente, se transformó en desesperanza y desazón – y, el segundo, el debate realizado entre los candidatos R. Nixon y J.F. Kennedy – el primero se presentó nervioso, inseguro y sudoroso y el segundo, seguro, lozano y atractivo -. En ambos casos, estos  modelos no se repetirán.

Para Tejemedios escribió:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
HISTORIADOR, ESCRITOR, DOCTOR EN EDUCACIÓN     

LA CONCEPCIÓN DE LA EDUCACIÓN DE HAYEK Y FRIEDMAN

El título corresponde al artículo de mi amigo, Jorge Vergara, publicado en Diálogos de pensamiento crítico –en mi concepto, Jorge es el mejor analista chileno sobre estos dos padres del neoliberalismo – que, partiendo de la concepción de la educación de F. Hayek y M. Friedman, llega a definir con precisión que esta visión emana de una antropología que limita la dimensión de la existencia situándole, exclusivamente, en el mercado, sobre la base de un reduccionismo absoluto. Friedman llega a tal grado de ideologismo que niega la existencia de la sociedad afirmando que sólo existen individuos sometidos al mercado, en consecuencia, para Friedman es inválida toda apelación a los derechos humanos y, sobre todo, a la educación concebida como un derecho. El mercado puede y debe invadir áreas no relacionadas directamente con la economía educación, salud pública…-.
               
El Chile de la dictadura, de la Concertación y de la Alianza se ha constituido como el modelo más perfecto de lo que Vergara define como “la utopía del gobierno de la sociedad por la élite del mercado”. Si algún arqueólogo descubriera los restos del modelo educativo chileno, podría reconstruir, a la perfección, los trazos más radicales y reduccionistas de la teoría educativa de los dos autores que comentamos en esta columna. En el fondo, el debate se centra en la educación privatizada, dominada por el mercado, y la concepción de la educación como derecho universal y humano, del cual el Estado debe hacerse cargo. Dejemos de lado los eufemismos: la Concertación y la Alianza, durante estos últimos 25 años, son igualmente tributarios de la ideología de Hayek y de Friedman, por consiguiente, si no se demuele, hasta sus cimientos, el modelo imperante, - lo digo enfática y literalmente – es impensable una educación de calidad, digna e integradora; en esta línea, todos los ministros de Educación de la Concertación son prisioneros de la ideología dogmática de Friedman, que la encarnaron a la perfección, y es difícil de creer en un cambio tan radical en aquellos mismos personajes que acompañan a la candidata Bachelet en su campaña a la presidencia – recuérdese a Sergio Bitar y Yasna Provoste, Martín Zilic, entre otros -.
               
“No demorará mucho tiempo para que las personas se convenzan de que la solución está en despojar a la autoridad de sus poderes en el ámbito de la educación”, (Hayek,  Friedrich, Los fundamentos de la libertad). Esta cita refleja nítidamente la estación terminal de la utopía de ambos pensadores neoliberales, que pregona la privatización total de la educación total, en sus niveles básico, medio y universitario. La enseñanza-aprendizaje es un bien de consumo, muy preciado, que debe ser solventado por las familias en el mercado.

Friedman sabe bien que su utopía privatizadora tiene que recorrer un camino en la sociedad norteamericano, donde existe un sistema de propiedad mixta en los establecimientos educacionales, por consiguiente, en primer momento, debe existir un voucher, un bono o un cheque que el Estado proporciona a las familias más pobres, a fin de que puedan elegir la escuela que consideren mejor para la educación de sus hijos, sean estas privadas y con fines de lucro o fundaciones y corporaciones – en Chile, a cierta derecha recalcitrante le gustaría la existencia del vaucher del cheque, pero, afortunadamente, esta modalidad  no va a lograr imponerse, esperemos, sin embargo, la elección de las escuelas por parte de las familias existe en la realidad, respecto a las escuelas subvencionadas y las municipales -.
               
El desprecio por parte de Friedman a la intervención del “ogro filantrópico”, el Estado, no hace sino llevarlo a una falsa apología de la capacidad de las familias para elegir para sus hijos la mejor escuela, con altos índices académicos, pero está claro que la familia no está capacitada para calificar la complejidad de la pedagogía contemporánea, como tampoco lo está, por ejemplo, ante la enfermedad de un hijo, en consecuencia, los factores que jugarían en la elección no son de índole académica – el valor de la mensualidad, el prestigio social de la escuela, la presencia de hermanos o el carácter confesional o laico, entre otros -.
               
Como Chile es un laboratorio ad hoc de estas teorías de los “maestros del neoliberalismo, hemos podido probar, en la práctica que las familias eligen los colegios, quizás no por la calidad académica de ellos, sino por las redes sociales que se construyen desde la primera infancia hasta la universidad – un alumno de los Jesuitas o del Nido de Águilas puede estar seguro que, aunque no comprenda lo que lea, siempre tendrá un compañero de curso que lo va a auxiliar en su larga lucha en este valle de lágrimas -.
               
Cuando nos referimos a las clases medias y de bajos ingresos, tenemos que considerar en la elección de las escuelas entre las subvencionadas y las municipales. Se supone que en las primeras  los hijos se relacionarán con gente de “mejores costumbres” que los de la segunda – hay algo en la naturaleza humana que hace creer que el sector donde vives es mejor que el barrio del vecino -.
               
“En la educación, los padres y los hijos son los consumidores y el administrador de las escuelas y los profesores los productores” (Milton & Rose Friedman, Libre para Elegir).
               
Los consumidores deben calificar el producto que compran - en el caso que nos ocupa, la educación – y como los discentes no están capacitados para elegir la mejor compra, la responsabilidad recae sobre los padres de familia, quienes no siempre tienen buen criterio como consumidores. El  trabajo de Jorge Vergara está ilustrado con ejemplos interesantes, como el hecho de que en Estados Unidos, padres fundamentalistas religiosos exijan que, en determinada escuela se rechace, por ejemplo, la teoría de la evolución, y que se sostenga como científica la versión bíblica, atropellando así la primera enmienda de la Constitución, que dice que el Estado no puede favorecer ninguna religión.
               
Estoy seguro de que este ejemplo se repite en Chile, en las escuelas fundamentalistas religiosas protestantes y no pocas católicas - desde mi experiencia, como formador de formadores, puedo dar fe de que algunos alumnos, de muy rígida formación religiosa protestante, se negaban a aceptar verdades científicas evidentes por no estar consignadas en la biblia – lo que hace más urgente, hoy por hoy, en pleno siglo XXI, reafirmar el carácter laico, republicano, democrático, pluralista y libertario que debe tener la educación pública.
               
Como no creo que la Nueva Mayoría, por la composición doctrinaria de sus miembros, se atreva a proponer una ruptura radical con el modelo neoliberal que es la tarea fundamental del próximo período político en Chile. Estoy casi seguro de que en un eventual triunfo de Bachelet, al igual que en el plano de la nueva Constitución, las expectativas se verán frustradas una vez más.

Escribió para Tejemedios:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
HISTORIADOR, ESCRITOR, DOCTOR EN EDUCACIÓN
-AMIGO ENTRAÑABLE-

EL REY SEBASTIÁN I NO ESTÁ OBLIGADO A SOMETERSE A NINGUNA REGLA

Chile no es una república, sino una monarquía absoluta electiva; el rey dura cuatro años y no hasta su muerte, como ocurre con los monarcas de corona y los Papas; tampoco es una democracia, sino una oligo-plutocracia: “los representantes del pueblo”, en el caso del parlamento, surgen de un sistema electoral que les garantiza sus sillones a perpetuidad, falsificando así la llamada “voluntad popular”, con el agravante de que los dueños de las mafias – llamadas partidos políticos – determinan los nombres de los candidatos, y los siervos de la gleba tienen no les queda otro recurso que elegir entre estos “prohombres iluminados”; al final, los únicos que votan son los dueños de los bancos y los mercaderes, pues son actores y financistas de las campañas políticas y les prestan o regalan a los candidatos según los porcentajes de las encuestas.
               
En la historia de Chile nunca ha existido la democracia, salvo, tal vez, un corto período que va desde 1958 hasta 1973 e incluye tres gobiernos legítimamente constituidos: el de Jorge Alessandri, de Eduardo Frei Montalva y de Salvador Allende. La Cédula única, aprobada en 1958, eliminó el cohecho, y esta depuración del sistema electoral dio margen al crecimiento explosivo de los ciudadanos inscritos en los registros electorales. En el siglo XIX, los Presidentes nombraban a sus sucesores, además de los parlamentarios. Desde 1891 a 1925, mandaba la plutocracia parlamentaria, que manipulaba a los Presidentes, que sólo eran una piedra en el camino. A partir de 1925, en varias ocasiones, el CEN (Comité Ejecutivo Nacional), determinaba y mangoneaba a los Presidentes. Un gran mérito de la República fue el hecho de que en cada elección se elegía la antípoda del Presidente anterior - Ibáñez, opuesto a Alessandri; Alessandri a Frei y Eduardo Frei a Allende.
               
Que el monarca chileno intervenga en las elecciones es completamente normal - en un país en que la democracia es una merca faramalla, como lo he comprobado antes -, pero hay algunos más hipócritas que otros, por ejemplo, se hacen los desentendidos al justificar que lo hacen en su horario libre y que no ocupan ni autos ni otros recursos fiscales. Hubo en caso en el cual la intervención gubernativa fue contraproducente: el de Michelle Bachelet a favor de Eduardo Frei – no fue culpa de la Presidenta, sino que pingo al que apostaba no podía ser más malo -; en todos los demás casos, los Presidentes de la Concertación tuvieron éxito en la intervención a favor del sucesor – sólo don Patricio no estaba muy contento con la postulación de don Eduardo.
               
Nuestro rey, Sebastián I, tiene “la cualidad” de estar clasificado, según la revista Forbes, como uno de los empresarios más millonarios del mundo, hecho que le permite, por lógica, al reunir las dos cualidades, la de monarca y plutócrata – un siútico diría “el Medici chileno” – sumadas a su personalidad narcisista y atragantada, no se le puede exigir que se someta a las reglas clásicas pues, de ninguna manera las va a cumplir y, nosotros los súbditos, siervos de la gleba, que a veces y en determinadas ocasiones, sobre todo cuando hay comicios, los postulantes a la más alta magistratura nos llaman “ciudadanos” – no falta el tonto que se la crea – nosotros debiéramos sentirnos orgullosos del enorme poder de nuestro rey y lo bien que nos hace quedar en el extranjero regalando “restos de rocas” a sus colegas, como también por sus discursos llenos de lugares comunes y la exageración de sinónimos, antónimos, adjetivos calificativos y otras bellezas lingüísticas y literarias, que harían palidecer al mismísimo Cantinflas.
               
Los chilenos somos muy mal agradecidos y  queremos a quien nos ha proporcionado tantas alegrías y optimismo – dicen que la risa libera tensiones – y, como el Presidente no tiene límites y sólo se rige por su propia voluntad, no terminará nunca de sorprendernos al pasar de una posición a la contraria:  en septiembre se refería a los “cómplices pasivos”,  entre quienes estaban algunos de sus ministros y los miembros del principal partido de gobierno, salvo el hijo el ferretero de Maipú, como también descalificar a su candidata Matthei por haber votado “equivocadamente” por el SÍ, en el plebiscito de 1989 – como siempre, hay calumniadores que creen que Piñera se presentará en las próximas elecciones, lo que constituye una verdadera injuria -.
               
Sebastián I tiene todo el derecho y prerrogativas para cantar rancheras como “Sigo siendo el rey” - la predilecta de Pinochet – con su amiga Evelyn, incluso, tomarse la libertad de darle un besito en la mejilla, en un restaurant de mala muerte, en la Estación Central y, luego, el lunes 14 de octubre, asistir a una cena, con un menú muy frugal, pero  “el aporte voluntario” de los participantes era considerable. Mientras haya monarquía, nada mejor que violar las reglas e intervenir, a destajo, en las elecciones.

Para Tejemedios escribió:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
HISTORIADOR, PROFESOR, ESCRITOR

FRANCO PARISI O EL ARTE DE HALAGAR A LOS INCAUTOS

Según Patricio Navia, el populismo es como el colesterol: hay uno bueno y necesario y otro malo, que podría conducir a accidentes vasculares; pensar América Latina sin el populismo, equivaldría a  tener un continente sin corazón y sin pasiones.  Sin el peronismo de los 50 del siglo pasado, Argentina actual no tendría ninguna explicación histórico-política.
               
En esta columna trataremos del populismo en la derecha que ha aparecido, en muchas ocasiones, en la derecha, por ejemplo, Carlos Ibáñez del Campo es un personaje muy difícil de clasificar políticamente: su “Nuevo Chile” de 1927-1931 no fue, precisamente, un régimen fascista; –ideología muy en boga en esa época– tampoco imitó la dictadura española de Miguel Primo de Rivera, el padre de José Antonio, fundador de la Falange, ni siquiera instauró el corporativismo, ni fundó un partido político ibañista, más bien su régimen podría calificarse como bonapartista. En su larga vida política, que fluctuó entre el populismo de derecha y de izquierda, en 1927 se impuso como dictador; en 1938 fue apoyado por los “nacis” chilenos  -tenían la particularidad de escribirlo con c y no con z- pero se vio obligado a retirar su candidatura a causa de la acusación como instigador de la rebelión de los estudiantes, que terminó en la matanza del Seguro Obrero. En 1943 fue un candidato populista de derecha, apoyado por liberales y conservadores, con la excepción de Arturo Alessandri y de algunos de sus seguidores; en estos comicios Juan Antonio Ríos se impuso sobre Ibáñez por 55,9% contra 44% de su rival. En 1952, apoyado por el Partido Agrario Laborista, de tendencia derechista, y por los socialistas populares de izquierda, elecciones donde arrasó con más de 400.000 sufragios sobre su rival, Arturo Matte Larraín, que obtuvo 265.000 votos.
               
Durante este mandato populista, que fluctuó entre gabinetes de izquierda y de derecha, fue un verdadero desastre, y su único mérito fue el de no haberse dejado manejar por conspiraciones militares, como la “Línea Recta” y, además, haber derogado la Ley de Defensa de la Democracia – impuesta por Gabriel González Videla, en 1948 – y una nueva ley electoral, que consagró la Cédula única y eliminó el cohecho. Ibáñez, con avanzada enfermedad senil, a los 80 años, se disfrazaba de bombero cuando había inaugurar un cuartel; de carabinero, cuan la ocasión correspondía; de obrero de la construcción en las inauguraciones de un edificio, así, sólo le faltó usar la “sotana” en el Te Deum de fiestas patrias.
               
Pasaremos de largo a muchos otros personajes populistas –José Santos Salas, (1927), el general Abdón Parra, “el cura de Catapilco”, Antonio Zamorano Herrera, y muchos otros– para centrarnos en Francisco Javier Errázuriz (Fra-Fra), un empresario exitoso y dueño de UNIMARC para ese entonces, que se vanagloriaba el haberse hecho rico por “la crianza de pollitos”, mostrando a los incautos que cualquier persona podría convertirse en un millonario emprendedor –estúpido término chileno para blanquear a los sinvergüenzas empresarios, entre ellos, a los dueños de supermercados- Fra-Fra prometía terminar con la UF en un solo día.

Dentro de sus ambiciones políticas, armó el partido Unión de Centro Centro Progresista, en 1990, luego de su derrota en las elecciones de presidente de la república, en que obtuvo un 15% de sufragios, en 1993 logró dos diputados, con el 3,2%  - uno de ellos fue su mujer, la original Toyita Ovalle, que se dedicaba a tejer durante las sesiones plenarias en la Cámara, mientras sus colegas debatían sobre las mejoras en sus sueldos - y, en 1997, también dos diputados, con el 2,1%- Otro fue Alejandro García Huidobro, hoy de la UDU, y senador “designado”, que representa la región de O´Higgins-.
Laurence Golborne, podría ser catalogado como un populista fracasado, un personaje tan ridículo, oportunista y de poca ética y menos luces -que se aprovechó de la oportunidad del buen trabajo de ingenieros y técnicos nacionales e internacionales, que con denodados esfuerzos sacaron a los mineros “de las entrañas de tierra”- para presentarse como candidato a la presidencia como candidato de la Alianza, pero a medio camino, saltó el escándalo de CencoSud y de su dinero invertido en los paraísos fiscales de Las Islas Vírgenes, para lanzarlo a la lona, con la consiguiente traición y falta de ética del diputado Patricio Melero y la directiva de este Partido fascista, que ya tenía preparado su reemplazo por Pablo Longueira. Como este personaje tiene poco aprecio por su dignidad y además, es un “Juan lanas” aceptó, sin titubear, la candidatura por Santiago Oriente. El populismo de derecha presentaba a Golborne como alguien que venía de Maipú, proveniente de una humilde familia de ferreteros, y se convertía en gerente de CencoSud, propiedad del alemán Paulmann.

Ahora, Franco Parisi se suma al populismo de derecha: se presenta como un profesor universitario, un economista que da consejos a los endeudados –que son caso todos los chilenos– a veces, a través del Canal La Red, y como Carlos Ibáñez que se presentaba como el “general de la esperanza”, Franco Parisi pretende ser “el economista del pueblo” quien, a partir de sus “originales diagnósticos” en que todo “el mundo está forrado”, pretende poner paños de agua tibia a los pobres e incautos, endeudados hasta las canillas. Antes, hacía un espectáculo televisivo junto a su hermano Antonino -desapareció de la faz de la tierra a raíz de un problema con un colegio que regentaba– en el cual trataba de sostener las más peregrinas teorías económicas.
               
Franco Parisi es como un personaje de la película de Woody Allen, Zelig –pretendía, para caer bien a los demás, disfrazarse de sus interlocutores, en cada ocasión: aparece, por ejemplo, como cantante de jazz en un cabaret de los años 20; otro día, asoma como un miembro del partido nazi, de Hitler; al siguiente, se disfraza de psiquiatra … - es el hombre de las mil caras de la década de los 20, Franco lo es de 2013: dice exactamente las vulgaridades que halagan a los incautos y sobre todo, desilusionados de los partidos políticos y de las demás instituciones –Parlamento, Ejecutivo, Tribunales de Justicia –ataca a los eternos atiputados y de paso, ofrece pega a medio mundo.

Parisi no es ningún aparecido en la política: fue miembro de uno de los grupos Tantauco, votó por Sebastián Piñera en las dos vueltas y ahora se consagró como un populista de derecha, que los periodistas levantan como un fenómeno, sobre la base de una encuesta telefónica –la Ipsos– cuando todos sabemos que casi nadie tiene teléfono fijo y que este tipo de encuestas, a un universo de 1.200 personas, resultan más falsas que Judas. Uno creería que los periodistas en general y en particular los que apoyan a Parisi, debieran tener más espíritu investigativo y no tragarse el primer sondeo que se muestra a sus ojos, como verdad de fe. En una crisis de representación política, es muy fácil que surjan personajes como Franco Parisi, que hacen del halago a los incautos una forma de cazar votos.

Para Tejemedios escribió:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
HISTORIADOR, ESCRITOR, DOCTOR EN EDUCACIÓN

EL CINISMO DE LOS GENOCIDAS Y LA COBARDÍA DE LOS PRESIDENTES DE LA CONCERTACIÓN

Adolfo Hitler se suicidó y Philippe Petain fue condenado a muerte, y no conozco a nadie que considere injusto su deceso, para el primero y, condena a la pena capital, para el segundo; a nadie se le ocurriría justificar sus actos criminales y su traición a la patria sobre la base de las circunstancias y hechos históricos de su biografía. ¡Qué culpa tiene Clara, la madre de Hitler, de haberlo malcriado! O acaso, ¿el hecho de haber sido un líder de la primera guerra mundial exculpa a Petain de los crímenes perpetrados por la República de Vichy?

Odlanier Mena, el primer jefe de la CNI, la Gestapo chilena que reemplazó a la DINA, es culpable de miles de asesinatos, torturas, desaparecimientos, entre ellos, el “traslado de televisores” – cadáveres retirados de sus tumbas, que aún no se sabe su ubicación – al igual que Manuel Contreras, su principal rival - incluso, quiso asesinarlo – negó, reiteradamente, ante los medios de comunicación de que la CNI haya tenido participación en los crímenes que se le imputan. Estos asesinos emplean el cinismo sin ningún empacho, lo cual no constituye ninguna novedad, pues los  mismos tipos de argumentos los utilizaron los nazis para justificarse ante el Tribunal de Nüremberg, con la única diferencia de que estos monstruos de la Gestapo no fueron enviados a “colonias de vacaciones” – como en Chile – sino que la mayoría de ellos condenados a muerte.
               
Tiene toda la razón el rector Carlos Peña en su columna de hoy, 29 de septiembre de 2013, al sostener que las circunstancias históricas no exoneran de la responsabilidad moral que le cabe a los Presidentes de la Concertación al construir cárceles VIP y mantenerlas en el tiempo para albergar a genocidas, condenados por la justicia. La ética de la responsabilidad, según Max Weber, exige responder de los actos de gobierno sin buscar tanto subterfugio en las circunstancias; ahora bien, en los casos de los Presidentes Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, que mantuvieron “el hotel cinco estrellas “ del Penal Cordillera, tienen aún menos explicación, pues ya existía ningún riesgo de regresión autoritaria.
               
No es que el Presidente Piñera sea muy valiente y haya corrido el riesgo de contrariar a sus partidarios, incluida la mal llamada familia militar que dice votó por él para lograr beneficios para los genocidas, y que ahora lo repudian e, incluso, le achacan la sangre del suicida jefe de la CNI, sino que los Presidentes de la Concertación fueron notoriamente cobardes, que se aterraban ante cualquier rugido del cuerpo militar.
               
La deuda en derechos humanos, por parte de la Concertación es enorme: baste recordar que se convirtieron en protectores de la familia Pinochet – en este aspecto se lucen Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz-Tagle, (el último, durante su mandato, jamás concedió audiencia alguna a los familiares de detenidos desaparecidos e hizo hasta lo imposible por traer de vuelta al tirano Augusto Pinochet) – y con respecto a los dos Presidentes que les sucedieron, de tendencia socialista, había expectativas de una política más decidida para tratar el tema de las violaciones a ls derechos humanos, sobre todo, considerando que Michelle Bachelet fue una de las víctimas de torturas por parte de la dictadura y que su murió asesinado en la Cárcel Pública.
               
Todos los candidatos, salvo Bachelet y Matthei se han pronunciado, ante el clamor ciudadano, por la eliminación de todo privilegio para los genocidas, por consiguiente, ahora el fin del penal de Punta Peuco y el traslado de estos reos a la cárcel de Alta Seguridad.
               
Me parece una insensatez comparar nuestro proceso de transición con el español, como algunos personajes de la derecha han pretendido hacerlo, pues no es ningún galardón para el país ibérico dejar en la impunidad absoluta a los franquistas – por lo demás, ahora España tiene un Presidente de gobierno ladrón, inepto y, desafortunadamente, no lo pueden echar - el Partido Popular tiene mayoría en el Parlamento -. Si nos comparamos con la Argentina de la señora K, salimos mal parados, pues Rafael Videla murió en una prisión común y corriente, sentenciado por delitos de lesa humanidad.
               
El acontecimiento del traslado de penal, de “la colonia de vacaciones” al “hotel cuatro estrellas, se ha prestado para el asomo al sol de un puñado de fascistoides – entre ellos dos diputados, Ulloa y Bertolino que, en un país civilizado tendrían muy poco espacio político – que pretenden justificar a estos genocidas.

Para Tejemedios escribió nuevamente:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
Historiador, Escritor, Doctor en Educación y ex Diplomático