MARCO ENRÍQUEZ-OMINAMI CITADO A LOS TRIBUNALES

Un extraterrestre, que gusta esconderse de la gente, acaba de presentar un querella criminal, por injurias y calumnias con publicidad, en contra del candidato presidencial, Enríquez-Ominami, quien en un foro presidencial osó comparar al extraterrestre Alf con Osvaldo Andrade - que oficia de presidente del Partido Socialista de los neoliberales – diputado que responde al apodo “chupete de fierro” y si hubiera un concurso para premio “limón”, lo ganaría de lejos – es mil veces más pesado y prepotente que el “chino Ríos” en su época de gloria, pero que carece, en grado heroico, del talento del gran tenista - y  sin querer ofenderlo más, podríamos decir que es un tontuelo rematado y para el colmo, cuenta con la magra representación de sólo el 8% de los electores de Puente Alto y aún piensa reelegirse para el siguiente período - parece que se tomó en serio aquello de que los actores políticos deben tener poca vergüenza -.
               
Alf, nuestro extraterrestre, se sintió muy ofendido por la comparación que hizo Enríquez-Ominami y se dirigió a la asociación de personajes de películas y tiras cómicas para que lo apoyara en la acción judicial que iba a emprender. Entre los asistentes a la reunión estaban Blanca Nieves (Bachelet) y los siete enanitos (presidentes de Partidos); el señor Burs, (jefe explotador de los Simpsons) (Franco Parisi); doña Cruela (Evelyn Matthei): los más enojados eran los títeres usados en la Franja en las primarias del siempre derrotado Andrés Allamand – otro chupete de fierro, tanto o más pesado que Andrade -; Murdock estaba muy “achunchado”, pues había sido despedido de un programa en TV, por anti semita – para ser un candidato que se aprecie hay que haber sido imitado, siquiera una vez, por Stephan Kramer y, a muchos de estos personajes animados les encantaría tener el coraje de Alf y querellarse contra un candidato presidencial -.
               
Chile es el país  ideal para poner en práctica el “carerrajismo”: por ejemplo, Laurence Golborne critica la elusión tributaria y la falta de transparencia: nada menos que se empeña en tratar de moralizar las prácticas políticas, sin acordarse de que fue defenetrado a causa de su inversión de millones de dólares en Las Islas Vírgenes, además de ser cómplice en la estafa a los clientes de CencoSud - es como predicar “con el marrueco abierto” -. El delito de Franco Parisi, al apropiarse del dinero de los profesores, es tanto o más  grave que el de Golborne, con la diferencia de que a Parisi nadie lo puede sacar de la carrera, pues es independiente y, por otra parte, no tiene a los torturadores de la UDI.
               
A diferencia de Alf, los pillines de la Concertación, que hoy usan un alias para tratar de borrar sus anteriores 20 años de traición, cada día se muestran más en público: ya perdieron la timidez e inocencia virginal y primigenia.  Fue muy oportuna y valiente la actuación de Marco Enríquez-Ominami al mostrar, durante el foro radial, la presencia de semejante “bacalao” – el presidente del Partido Socialista – a fin de que la gente se diera cuenta de que bajo la pollera de “mamá” se esconden unos patitos, más sinvergüenzas que el símbolo del BancoEstado -.
               
La simpatía de la candidata de la Nueva Fanfarronería propicia la candidatura de los peores personajes de “Carerrajalandia” quienes, en su mayoría  postulan a la repetición del plato, para seguir infamando a las instituciones más odiadas y rechazadas por la opinión pública – el senado y la cámara de diputados -. En este festival de frescolines encontramos, por ejemplo, al nunca bien ponderado Camilo Escalona, a Hosain Sabaj, a Guido Girardi y otros, sin embargo, así aún pretenden doblar en varias circunscripciones.
               
La candidata de la Nueva Mayoría representa a la nueva cara de la derecha y, además, posee más recursos que la Matthei, puede darse el lujo de mostrar, a la luz del sol, a los representantes de los intereses que defenderá en los próximos 4 años – los Cortázar, La Polar, Javiera Blanco y los Edwards, los Luksic y los Saieh, entre otros.
               
Le deseamos a Enríquez-Ominami una avenencia conveniente con sus querellantes y, ojalá, le pida perdón a Alf por tamaña injuria.

Para Tejemedios escribió:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
HISTORIADOR, DOCTOR EN EDUCACIÓN

FRANJAS, ENCUESTAS Y DEBATES

En 1895, Gustave Le Bon publicó su obra La psicología de las masas, por medio de la cual entregaba distintos elementos de la psicología a los líderes políticos, a fin de que pudieran manipular, de la forma más asertiva posible, a las masas que, por naturaleza, son manejables si recurre a la interpretación de sus sentimientos, pasiones, emociones, antipatías, odios y frustraciones. Este pensador francés fue inspirador, en Chile de los años 20, del agitador y demagogo Arturo Alessandri Palma, su admirador incondicional.
               
En la sociedad de masas, las manifestaciones políticas populares tenían un papel fundamental en el pronóstico del fruto de las campañas y del posible resultado electoral- en un comienzo, se trataba de reunir cerca de nueve mil personas en el Teatro Caupolicán, y al fin de la campaña, el desafío consistía en convocar a las masas a la Plaza Bulnes que, normalmente, tenía una capacidad para tres mil ciudadanos – y era entonces cuando el discurso del líder tenía un rol  fundamental – en ese tiempo había grandes oradores, como Radomiro Tomic, Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende, entre otros -.
               
En la actual sociedad, las manifestaciones populares juegan muy escaso papel, pues a ningún candidato se le ocurriría convocar a una manifestación en la  Plaza Bulnes o en otra similar, ya que en esta época posmoderna, la verdad comunicativa se presenta como el instrumento fundamental: las campañas transcurren a través de las redes sociales, la televisión y la relación presencial mediante el puerta a puerta, sin embargo, aún las teorías de Le Bon, surgidas en la sociedad de masas, tienen vigencia; algo similar ocurre con la “ley de hierro de las oligarquías respecto de los partidos políticos”, (ley de Michels).
               
A un mes escaso de las elecciones presidenciales, con un 15% de indecisos, sumado a un número enorme de un millón o más de personas de quienes ignoramos si van o no a concurrir a las urnas, las  manipulaciones mediante los medios de comunicación de masas y de las redes sociales pueden de vital importancia, sobre todo, como se ha comprado durante estos días, si se recurre a la psicología de las masas, propuesto por Le Bon, quien bate el récord en el abuso de los métodos de persuasión – de este estilo es el candidato Franco Parisi, que recurre a la estrategia de agitar las pasiones populares, fundamentalmente, las anti políticas; debemos reconocer una cierta eficacia a este método, como ocurrió en la presentación de su primera franja electoral -.
               
Otra forma de manipulación para ganar indecisos se ha centrado en las famosas encuestas que, como decía Marco Enríquez-Ominami, “son como los perfumes, que no sirven para tomarlos, mucho menos para alcoholizarse con ellos”. Hay encuestas de todo tipo: unas como whisky etiqueta negra y, otras, como el “bigoteado”; entre las primeras, las presenciales (Universidad Diego Portales, CEP, Cerc, UDD), y otras, las telefónicas, en que la mayoría de los chilenos ya no cuentan con teléfono fijo, por consiguiente, tienen grandes márgenes de error.
               
En las últimas elecciones municipales, los pronósticos de los debates, las encuestas fueron desacertados, si les hubiéramos creído, Zalaquet hubiera sido acalde de Santiago y Labbé, de Providencia.
               
A los politólogos les agrada jugar con las características psicológicas de aquellos ciudadanos que no responden a las encuestas, definiéndolos como “derechistas”, que no se atreven a manifestar su opción política por vergüenza, pero esta hipótesis me parece un solo divertimento sociológico. Si las encuestas se atuvieran a su margen de error, que no supere el 3%, no sería necesario hacer elecciones.
               
La franja y los debates tienen sus propios modelos: la primera, del NO, en que se destaca la alegría y el optimismo – que, posteriormente, se transformó en desesperanza y desazón – y, el segundo, el debate realizado entre los candidatos R. Nixon y J.F. Kennedy – el primero se presentó nervioso, inseguro y sudoroso y el segundo, seguro, lozano y atractivo -. En ambos casos, estos  modelos no se repetirán.

Para Tejemedios escribió:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
HISTORIADOR, ESCRITOR, DOCTOR EN EDUCACIÓN     

LA CONCEPCIÓN DE LA EDUCACIÓN DE HAYEK Y FRIEDMAN

El título corresponde al artículo de mi amigo, Jorge Vergara, publicado en Diálogos de pensamiento crítico –en mi concepto, Jorge es el mejor analista chileno sobre estos dos padres del neoliberalismo – que, partiendo de la concepción de la educación de F. Hayek y M. Friedman, llega a definir con precisión que esta visión emana de una antropología que limita la dimensión de la existencia situándole, exclusivamente, en el mercado, sobre la base de un reduccionismo absoluto. Friedman llega a tal grado de ideologismo que niega la existencia de la sociedad afirmando que sólo existen individuos sometidos al mercado, en consecuencia, para Friedman es inválida toda apelación a los derechos humanos y, sobre todo, a la educación concebida como un derecho. El mercado puede y debe invadir áreas no relacionadas directamente con la economía educación, salud pública…-.
               
El Chile de la dictadura, de la Concertación y de la Alianza se ha constituido como el modelo más perfecto de lo que Vergara define como “la utopía del gobierno de la sociedad por la élite del mercado”. Si algún arqueólogo descubriera los restos del modelo educativo chileno, podría reconstruir, a la perfección, los trazos más radicales y reduccionistas de la teoría educativa de los dos autores que comentamos en esta columna. En el fondo, el debate se centra en la educación privatizada, dominada por el mercado, y la concepción de la educación como derecho universal y humano, del cual el Estado debe hacerse cargo. Dejemos de lado los eufemismos: la Concertación y la Alianza, durante estos últimos 25 años, son igualmente tributarios de la ideología de Hayek y de Friedman, por consiguiente, si no se demuele, hasta sus cimientos, el modelo imperante, - lo digo enfática y literalmente – es impensable una educación de calidad, digna e integradora; en esta línea, todos los ministros de Educación de la Concertación son prisioneros de la ideología dogmática de Friedman, que la encarnaron a la perfección, y es difícil de creer en un cambio tan radical en aquellos mismos personajes que acompañan a la candidata Bachelet en su campaña a la presidencia – recuérdese a Sergio Bitar y Yasna Provoste, Martín Zilic, entre otros -.
               
“No demorará mucho tiempo para que las personas se convenzan de que la solución está en despojar a la autoridad de sus poderes en el ámbito de la educación”, (Hayek,  Friedrich, Los fundamentos de la libertad). Esta cita refleja nítidamente la estación terminal de la utopía de ambos pensadores neoliberales, que pregona la privatización total de la educación total, en sus niveles básico, medio y universitario. La enseñanza-aprendizaje es un bien de consumo, muy preciado, que debe ser solventado por las familias en el mercado.

Friedman sabe bien que su utopía privatizadora tiene que recorrer un camino en la sociedad norteamericano, donde existe un sistema de propiedad mixta en los establecimientos educacionales, por consiguiente, en primer momento, debe existir un voucher, un bono o un cheque que el Estado proporciona a las familias más pobres, a fin de que puedan elegir la escuela que consideren mejor para la educación de sus hijos, sean estas privadas y con fines de lucro o fundaciones y corporaciones – en Chile, a cierta derecha recalcitrante le gustaría la existencia del vaucher del cheque, pero, afortunadamente, esta modalidad  no va a lograr imponerse, esperemos, sin embargo, la elección de las escuelas por parte de las familias existe en la realidad, respecto a las escuelas subvencionadas y las municipales -.
               
El desprecio por parte de Friedman a la intervención del “ogro filantrópico”, el Estado, no hace sino llevarlo a una falsa apología de la capacidad de las familias para elegir para sus hijos la mejor escuela, con altos índices académicos, pero está claro que la familia no está capacitada para calificar la complejidad de la pedagogía contemporánea, como tampoco lo está, por ejemplo, ante la enfermedad de un hijo, en consecuencia, los factores que jugarían en la elección no son de índole académica – el valor de la mensualidad, el prestigio social de la escuela, la presencia de hermanos o el carácter confesional o laico, entre otros -.
               
Como Chile es un laboratorio ad hoc de estas teorías de los “maestros del neoliberalismo, hemos podido probar, en la práctica que las familias eligen los colegios, quizás no por la calidad académica de ellos, sino por las redes sociales que se construyen desde la primera infancia hasta la universidad – un alumno de los Jesuitas o del Nido de Águilas puede estar seguro que, aunque no comprenda lo que lea, siempre tendrá un compañero de curso que lo va a auxiliar en su larga lucha en este valle de lágrimas -.
               
Cuando nos referimos a las clases medias y de bajos ingresos, tenemos que considerar en la elección de las escuelas entre las subvencionadas y las municipales. Se supone que en las primeras  los hijos se relacionarán con gente de “mejores costumbres” que los de la segunda – hay algo en la naturaleza humana que hace creer que el sector donde vives es mejor que el barrio del vecino -.
               
“En la educación, los padres y los hijos son los consumidores y el administrador de las escuelas y los profesores los productores” (Milton & Rose Friedman, Libre para Elegir).
               
Los consumidores deben calificar el producto que compran - en el caso que nos ocupa, la educación – y como los discentes no están capacitados para elegir la mejor compra, la responsabilidad recae sobre los padres de familia, quienes no siempre tienen buen criterio como consumidores. El  trabajo de Jorge Vergara está ilustrado con ejemplos interesantes, como el hecho de que en Estados Unidos, padres fundamentalistas religiosos exijan que, en determinada escuela se rechace, por ejemplo, la teoría de la evolución, y que se sostenga como científica la versión bíblica, atropellando así la primera enmienda de la Constitución, que dice que el Estado no puede favorecer ninguna religión.
               
Estoy seguro de que este ejemplo se repite en Chile, en las escuelas fundamentalistas religiosas protestantes y no pocas católicas - desde mi experiencia, como formador de formadores, puedo dar fe de que algunos alumnos, de muy rígida formación religiosa protestante, se negaban a aceptar verdades científicas evidentes por no estar consignadas en la biblia – lo que hace más urgente, hoy por hoy, en pleno siglo XXI, reafirmar el carácter laico, republicano, democrático, pluralista y libertario que debe tener la educación pública.
               
Como no creo que la Nueva Mayoría, por la composición doctrinaria de sus miembros, se atreva a proponer una ruptura radical con el modelo neoliberal que es la tarea fundamental del próximo período político en Chile. Estoy casi seguro de que en un eventual triunfo de Bachelet, al igual que en el plano de la nueva Constitución, las expectativas se verán frustradas una vez más.

Escribió para Tejemedios:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
HISTORIADOR, ESCRITOR, DOCTOR EN EDUCACIÓN
-AMIGO ENTRAÑABLE-

EL REY SEBASTIÁN I NO ESTÁ OBLIGADO A SOMETERSE A NINGUNA REGLA

Chile no es una república, sino una monarquía absoluta electiva; el rey dura cuatro años y no hasta su muerte, como ocurre con los monarcas de corona y los Papas; tampoco es una democracia, sino una oligo-plutocracia: “los representantes del pueblo”, en el caso del parlamento, surgen de un sistema electoral que les garantiza sus sillones a perpetuidad, falsificando así la llamada “voluntad popular”, con el agravante de que los dueños de las mafias – llamadas partidos políticos – determinan los nombres de los candidatos, y los siervos de la gleba tienen no les queda otro recurso que elegir entre estos “prohombres iluminados”; al final, los únicos que votan son los dueños de los bancos y los mercaderes, pues son actores y financistas de las campañas políticas y les prestan o regalan a los candidatos según los porcentajes de las encuestas.
               
En la historia de Chile nunca ha existido la democracia, salvo, tal vez, un corto período que va desde 1958 hasta 1973 e incluye tres gobiernos legítimamente constituidos: el de Jorge Alessandri, de Eduardo Frei Montalva y de Salvador Allende. La Cédula única, aprobada en 1958, eliminó el cohecho, y esta depuración del sistema electoral dio margen al crecimiento explosivo de los ciudadanos inscritos en los registros electorales. En el siglo XIX, los Presidentes nombraban a sus sucesores, además de los parlamentarios. Desde 1891 a 1925, mandaba la plutocracia parlamentaria, que manipulaba a los Presidentes, que sólo eran una piedra en el camino. A partir de 1925, en varias ocasiones, el CEN (Comité Ejecutivo Nacional), determinaba y mangoneaba a los Presidentes. Un gran mérito de la República fue el hecho de que en cada elección se elegía la antípoda del Presidente anterior - Ibáñez, opuesto a Alessandri; Alessandri a Frei y Eduardo Frei a Allende.
               
Que el monarca chileno intervenga en las elecciones es completamente normal - en un país en que la democracia es una merca faramalla, como lo he comprobado antes -, pero hay algunos más hipócritas que otros, por ejemplo, se hacen los desentendidos al justificar que lo hacen en su horario libre y que no ocupan ni autos ni otros recursos fiscales. Hubo en caso en el cual la intervención gubernativa fue contraproducente: el de Michelle Bachelet a favor de Eduardo Frei – no fue culpa de la Presidenta, sino que pingo al que apostaba no podía ser más malo -; en todos los demás casos, los Presidentes de la Concertación tuvieron éxito en la intervención a favor del sucesor – sólo don Patricio no estaba muy contento con la postulación de don Eduardo.
               
Nuestro rey, Sebastián I, tiene “la cualidad” de estar clasificado, según la revista Forbes, como uno de los empresarios más millonarios del mundo, hecho que le permite, por lógica, al reunir las dos cualidades, la de monarca y plutócrata – un siútico diría “el Medici chileno” – sumadas a su personalidad narcisista y atragantada, no se le puede exigir que se someta a las reglas clásicas pues, de ninguna manera las va a cumplir y, nosotros los súbditos, siervos de la gleba, que a veces y en determinadas ocasiones, sobre todo cuando hay comicios, los postulantes a la más alta magistratura nos llaman “ciudadanos” – no falta el tonto que se la crea – nosotros debiéramos sentirnos orgullosos del enorme poder de nuestro rey y lo bien que nos hace quedar en el extranjero regalando “restos de rocas” a sus colegas, como también por sus discursos llenos de lugares comunes y la exageración de sinónimos, antónimos, adjetivos calificativos y otras bellezas lingüísticas y literarias, que harían palidecer al mismísimo Cantinflas.
               
Los chilenos somos muy mal agradecidos y  queremos a quien nos ha proporcionado tantas alegrías y optimismo – dicen que la risa libera tensiones – y, como el Presidente no tiene límites y sólo se rige por su propia voluntad, no terminará nunca de sorprendernos al pasar de una posición a la contraria:  en septiembre se refería a los “cómplices pasivos”,  entre quienes estaban algunos de sus ministros y los miembros del principal partido de gobierno, salvo el hijo el ferretero de Maipú, como también descalificar a su candidata Matthei por haber votado “equivocadamente” por el SÍ, en el plebiscito de 1989 – como siempre, hay calumniadores que creen que Piñera se presentará en las próximas elecciones, lo que constituye una verdadera injuria -.
               
Sebastián I tiene todo el derecho y prerrogativas para cantar rancheras como “Sigo siendo el rey” - la predilecta de Pinochet – con su amiga Evelyn, incluso, tomarse la libertad de darle un besito en la mejilla, en un restaurant de mala muerte, en la Estación Central y, luego, el lunes 14 de octubre, asistir a una cena, con un menú muy frugal, pero  “el aporte voluntario” de los participantes era considerable. Mientras haya monarquía, nada mejor que violar las reglas e intervenir, a destajo, en las elecciones.

Para Tejemedios escribió:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
HISTORIADOR, PROFESOR, ESCRITOR

FRANCO PARISI O EL ARTE DE HALAGAR A LOS INCAUTOS

Según Patricio Navia, el populismo es como el colesterol: hay uno bueno y necesario y otro malo, que podría conducir a accidentes vasculares; pensar América Latina sin el populismo, equivaldría a  tener un continente sin corazón y sin pasiones.  Sin el peronismo de los 50 del siglo pasado, Argentina actual no tendría ninguna explicación histórico-política.
               
En esta columna trataremos del populismo en la derecha que ha aparecido, en muchas ocasiones, en la derecha, por ejemplo, Carlos Ibáñez del Campo es un personaje muy difícil de clasificar políticamente: su “Nuevo Chile” de 1927-1931 no fue, precisamente, un régimen fascista; –ideología muy en boga en esa época– tampoco imitó la dictadura española de Miguel Primo de Rivera, el padre de José Antonio, fundador de la Falange, ni siquiera instauró el corporativismo, ni fundó un partido político ibañista, más bien su régimen podría calificarse como bonapartista. En su larga vida política, que fluctuó entre el populismo de derecha y de izquierda, en 1927 se impuso como dictador; en 1938 fue apoyado por los “nacis” chilenos  -tenían la particularidad de escribirlo con c y no con z- pero se vio obligado a retirar su candidatura a causa de la acusación como instigador de la rebelión de los estudiantes, que terminó en la matanza del Seguro Obrero. En 1943 fue un candidato populista de derecha, apoyado por liberales y conservadores, con la excepción de Arturo Alessandri y de algunos de sus seguidores; en estos comicios Juan Antonio Ríos se impuso sobre Ibáñez por 55,9% contra 44% de su rival. En 1952, apoyado por el Partido Agrario Laborista, de tendencia derechista, y por los socialistas populares de izquierda, elecciones donde arrasó con más de 400.000 sufragios sobre su rival, Arturo Matte Larraín, que obtuvo 265.000 votos.
               
Durante este mandato populista, que fluctuó entre gabinetes de izquierda y de derecha, fue un verdadero desastre, y su único mérito fue el de no haberse dejado manejar por conspiraciones militares, como la “Línea Recta” y, además, haber derogado la Ley de Defensa de la Democracia – impuesta por Gabriel González Videla, en 1948 – y una nueva ley electoral, que consagró la Cédula única y eliminó el cohecho. Ibáñez, con avanzada enfermedad senil, a los 80 años, se disfrazaba de bombero cuando había inaugurar un cuartel; de carabinero, cuan la ocasión correspondía; de obrero de la construcción en las inauguraciones de un edificio, así, sólo le faltó usar la “sotana” en el Te Deum de fiestas patrias.
               
Pasaremos de largo a muchos otros personajes populistas –José Santos Salas, (1927), el general Abdón Parra, “el cura de Catapilco”, Antonio Zamorano Herrera, y muchos otros– para centrarnos en Francisco Javier Errázuriz (Fra-Fra), un empresario exitoso y dueño de UNIMARC para ese entonces, que se vanagloriaba el haberse hecho rico por “la crianza de pollitos”, mostrando a los incautos que cualquier persona podría convertirse en un millonario emprendedor –estúpido término chileno para blanquear a los sinvergüenzas empresarios, entre ellos, a los dueños de supermercados- Fra-Fra prometía terminar con la UF en un solo día.

Dentro de sus ambiciones políticas, armó el partido Unión de Centro Centro Progresista, en 1990, luego de su derrota en las elecciones de presidente de la república, en que obtuvo un 15% de sufragios, en 1993 logró dos diputados, con el 3,2%  - uno de ellos fue su mujer, la original Toyita Ovalle, que se dedicaba a tejer durante las sesiones plenarias en la Cámara, mientras sus colegas debatían sobre las mejoras en sus sueldos - y, en 1997, también dos diputados, con el 2,1%- Otro fue Alejandro García Huidobro, hoy de la UDU, y senador “designado”, que representa la región de O´Higgins-.
Laurence Golborne, podría ser catalogado como un populista fracasado, un personaje tan ridículo, oportunista y de poca ética y menos luces -que se aprovechó de la oportunidad del buen trabajo de ingenieros y técnicos nacionales e internacionales, que con denodados esfuerzos sacaron a los mineros “de las entrañas de tierra”- para presentarse como candidato a la presidencia como candidato de la Alianza, pero a medio camino, saltó el escándalo de CencoSud y de su dinero invertido en los paraísos fiscales de Las Islas Vírgenes, para lanzarlo a la lona, con la consiguiente traición y falta de ética del diputado Patricio Melero y la directiva de este Partido fascista, que ya tenía preparado su reemplazo por Pablo Longueira. Como este personaje tiene poco aprecio por su dignidad y además, es un “Juan lanas” aceptó, sin titubear, la candidatura por Santiago Oriente. El populismo de derecha presentaba a Golborne como alguien que venía de Maipú, proveniente de una humilde familia de ferreteros, y se convertía en gerente de CencoSud, propiedad del alemán Paulmann.

Ahora, Franco Parisi se suma al populismo de derecha: se presenta como un profesor universitario, un economista que da consejos a los endeudados –que son caso todos los chilenos– a veces, a través del Canal La Red, y como Carlos Ibáñez que se presentaba como el “general de la esperanza”, Franco Parisi pretende ser “el economista del pueblo” quien, a partir de sus “originales diagnósticos” en que todo “el mundo está forrado”, pretende poner paños de agua tibia a los pobres e incautos, endeudados hasta las canillas. Antes, hacía un espectáculo televisivo junto a su hermano Antonino -desapareció de la faz de la tierra a raíz de un problema con un colegio que regentaba– en el cual trataba de sostener las más peregrinas teorías económicas.
               
Franco Parisi es como un personaje de la película de Woody Allen, Zelig –pretendía, para caer bien a los demás, disfrazarse de sus interlocutores, en cada ocasión: aparece, por ejemplo, como cantante de jazz en un cabaret de los años 20; otro día, asoma como un miembro del partido nazi, de Hitler; al siguiente, se disfraza de psiquiatra … - es el hombre de las mil caras de la década de los 20, Franco lo es de 2013: dice exactamente las vulgaridades que halagan a los incautos y sobre todo, desilusionados de los partidos políticos y de las demás instituciones –Parlamento, Ejecutivo, Tribunales de Justicia –ataca a los eternos atiputados y de paso, ofrece pega a medio mundo.

Parisi no es ningún aparecido en la política: fue miembro de uno de los grupos Tantauco, votó por Sebastián Piñera en las dos vueltas y ahora se consagró como un populista de derecha, que los periodistas levantan como un fenómeno, sobre la base de una encuesta telefónica –la Ipsos– cuando todos sabemos que casi nadie tiene teléfono fijo y que este tipo de encuestas, a un universo de 1.200 personas, resultan más falsas que Judas. Uno creería que los periodistas en general y en particular los que apoyan a Parisi, debieran tener más espíritu investigativo y no tragarse el primer sondeo que se muestra a sus ojos, como verdad de fe. En una crisis de representación política, es muy fácil que surjan personajes como Franco Parisi, que hacen del halago a los incautos una forma de cazar votos.

Para Tejemedios escribió:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
HISTORIADOR, ESCRITOR, DOCTOR EN EDUCACIÓN