EL CINISMO DE LOS GENOCIDAS Y LA COBARDÍA DE LOS PRESIDENTES DE LA CONCERTACIÓN

Adolfo Hitler se suicidó y Philippe Petain fue condenado a muerte, y no conozco a nadie que considere injusto su deceso, para el primero y, condena a la pena capital, para el segundo; a nadie se le ocurriría justificar sus actos criminales y su traición a la patria sobre la base de las circunstancias y hechos históricos de su biografía. ¡Qué culpa tiene Clara, la madre de Hitler, de haberlo malcriado! O acaso, ¿el hecho de haber sido un líder de la primera guerra mundial exculpa a Petain de los crímenes perpetrados por la República de Vichy?

Odlanier Mena, el primer jefe de la CNI, la Gestapo chilena que reemplazó a la DINA, es culpable de miles de asesinatos, torturas, desaparecimientos, entre ellos, el “traslado de televisores” – cadáveres retirados de sus tumbas, que aún no se sabe su ubicación – al igual que Manuel Contreras, su principal rival - incluso, quiso asesinarlo – negó, reiteradamente, ante los medios de comunicación de que la CNI haya tenido participación en los crímenes que se le imputan. Estos asesinos emplean el cinismo sin ningún empacho, lo cual no constituye ninguna novedad, pues los  mismos tipos de argumentos los utilizaron los nazis para justificarse ante el Tribunal de Nüremberg, con la única diferencia de que estos monstruos de la Gestapo no fueron enviados a “colonias de vacaciones” – como en Chile – sino que la mayoría de ellos condenados a muerte.
               
Tiene toda la razón el rector Carlos Peña en su columna de hoy, 29 de septiembre de 2013, al sostener que las circunstancias históricas no exoneran de la responsabilidad moral que le cabe a los Presidentes de la Concertación al construir cárceles VIP y mantenerlas en el tiempo para albergar a genocidas, condenados por la justicia. La ética de la responsabilidad, según Max Weber, exige responder de los actos de gobierno sin buscar tanto subterfugio en las circunstancias; ahora bien, en los casos de los Presidentes Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, que mantuvieron “el hotel cinco estrellas “ del Penal Cordillera, tienen aún menos explicación, pues ya existía ningún riesgo de regresión autoritaria.
               
No es que el Presidente Piñera sea muy valiente y haya corrido el riesgo de contrariar a sus partidarios, incluida la mal llamada familia militar que dice votó por él para lograr beneficios para los genocidas, y que ahora lo repudian e, incluso, le achacan la sangre del suicida jefe de la CNI, sino que los Presidentes de la Concertación fueron notoriamente cobardes, que se aterraban ante cualquier rugido del cuerpo militar.
               
La deuda en derechos humanos, por parte de la Concertación es enorme: baste recordar que se convirtieron en protectores de la familia Pinochet – en este aspecto se lucen Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz-Tagle, (el último, durante su mandato, jamás concedió audiencia alguna a los familiares de detenidos desaparecidos e hizo hasta lo imposible por traer de vuelta al tirano Augusto Pinochet) – y con respecto a los dos Presidentes que les sucedieron, de tendencia socialista, había expectativas de una política más decidida para tratar el tema de las violaciones a ls derechos humanos, sobre todo, considerando que Michelle Bachelet fue una de las víctimas de torturas por parte de la dictadura y que su murió asesinado en la Cárcel Pública.
               
Todos los candidatos, salvo Bachelet y Matthei se han pronunciado, ante el clamor ciudadano, por la eliminación de todo privilegio para los genocidas, por consiguiente, ahora el fin del penal de Punta Peuco y el traslado de estos reos a la cárcel de Alta Seguridad.
               
Me parece una insensatez comparar nuestro proceso de transición con el español, como algunos personajes de la derecha han pretendido hacerlo, pues no es ningún galardón para el país ibérico dejar en la impunidad absoluta a los franquistas – por lo demás, ahora España tiene un Presidente de gobierno ladrón, inepto y, desafortunadamente, no lo pueden echar - el Partido Popular tiene mayoría en el Parlamento -. Si nos comparamos con la Argentina de la señora K, salimos mal parados, pues Rafael Videla murió en una prisión común y corriente, sentenciado por delitos de lesa humanidad.
               
El acontecimiento del traslado de penal, de “la colonia de vacaciones” al “hotel cuatro estrellas, se ha prestado para el asomo al sol de un puñado de fascistoides – entre ellos dos diputados, Ulloa y Bertolino que, en un país civilizado tendrían muy poco espacio político – que pretenden justificar a estos genocidas.

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RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
Historiador, Escritor, Doctor en Educación y ex Diplomático

BACHELETISTAS POR AMOR AL PITUTO (BPAP)

Intencionalmente, cambié el título del artículo pues, pensándolo bien, no hay bacheletistas a la fuerza, sino más bien bacheletistas por la fuerza del pituto. No sé por qué se les ocurrió copiarle a Marco el nombre “Nueva Mayoría”, inscrito en el registro de propiedad intelectual, y no usar otros slogan, quizás más creativos, que aún no están ocupados – por ejemplo, les vendría muy bien “pituto o muerte venceremos”, “la gran estafa” que aunque su autor es un ex comunista peruano, la marca ya caducó, o la “Nueva Pillería”, hoy muy difundido   o, también, “transar sin parar” -. Que todos los candidatos copien los centrales “Decálogo” – que formó parte esencial del programa de Marco Enríquez-Ominami, en 2009 – me parece muy positivo, pues muy positivo porque se han transformado en sentido común gramsciano.

El sábado, 10 de agosto, Michelle Bachelet fue proclamada como candidata a la presidencia de la república por la Democracia Cristiana – en verdad,  no constituye ninguna novedad -; que un Partido en extinción, como éste,  aproveche el llamado “fenómeno” Bachelet para sobrevivir en base a los pitutos – desde ya comienzan a repartirse – convencidos de que, como lo sostenía el rey Dagoberto, que “se ponía los pantalones al revés”, Eduardo Frei Ruiz-Tagle afirma ahora que ya Bachelet ganó la elección presidencial del próximo noviembre, que más se debe interpretar como “preparémonos para gobernar” que, para estos caballeros, es sinónimo de repartirse el “botín” fiscal.

Los democratacristianos saben muy bien que aun cuando hayan perdido un millón de votos, desde el comienzo de la transición a la democracia, y su nivel porcentual los retrotraiga a 1961, es decir, un retroceso de varios decenios, y que Claudio Orrego haya obtenido apenas el 4% del electorado total en las primarias y el 8% respecto a la Concertación misma, no le dan ninguna importancia, no se hacen autocrítica alguna – los Walker siguen siendo los dueños de este “boliche”, cada vez más miserable -, pero sí saben a la perfección que, recurriendo a su pasado, tienen seguro el ministerio del Interior, un alto porcentaje de empresas fiscales y varias seremías. Como ocurre con los radicales, la Democracia Cristiana tampoco  puede vivir   sin el balón de oxígeno que proporciona los múltiples puestos fiscales que dependen, exclusivamente, de la voluntad de la “monarca”.

Las noticias, consignan que los cóndores, el ave carroñera, símbolo de nuestro escudo nacional, se están extinguiendo a causa de alimentarse con vacas envenenadas, colocadas por los campesinos para combatir a los pumas que, a causa de las heladas, bajan a las praderas. Los bacheletistas, por la fuerza del pituto, a veces se convierten en aves de carroña respecto al Estado, y tratan, como los cóndores, de engullir, lo más rápido posible, la carne del  cargo fiscal, aun cuando esté en estado cadavérico. La diferencia radica en que, hasta ahora, no se puede demostrar que el repartirse el “botín” del fisco lleve a la extinción de esta especie carroñera, muy por el contrario, como lo señala un democratacristiano italiano, lo más nocivo no es el poder, sino el estar lejos de él.

Los Radicales, de José Antonio Gómez, constituyen otro tipo de bacheletistas por el pituto, pero en este caso, la consigna de “el pituto o muerte” viene de los años 50, desde el gobierno de Gabriel González Videla. Actualmente, son verdaderos maestros en el empleo del sistema binominal que,  con muy pocos votos, ¡oh milagro!, obtienen muchos escaños, es decir “la multiplicación de los panes”.

Otro tipo de bacheletistas por la fuerza del “pituto” son los socialistas, sobre todo los que vienen del Mapu - hoy convertidos en lobistas y gerentes de grandes empresas – y sería muy ingenuo creer que estos grandes millonarios no dependen de los gobiernos; con Enrique Correa, Eugenio Tironi, Jaime Estévez, Óscar Guillermo Garretón, y otros muchos, entre ellos también los DC René Cortázar, José de Gregorio, Alejandro Foxley, Edmundo Pérez Yoma, los diez dueños de Chile – clasificados por la revista Forbes – pueden estar seguros de que Bachelet estará a su servicio, incluso rindiéndoles pleitesía, como lo han hecho, en forma brillante, los dos  últimos gobiernos socialistas.

Los “bacheletistas por amor al pituto” – puedo asegurar – tendrán mucho más éxito que los MAF (Mattheístas a la Fuerza), Si bien la derecha es más descarada y hábil para asaltar al Estado – mal que mal Chile entero es su propiedad – los concertacionistas son más sibilinos e hipócritas y quizás más pillines.

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RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
Historiador, Escritor, Doctor en Educación y ex Diplomático
                                      

                   

LA DERECHA, ETERNA PERDEDORA DE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES SE REPETIRÁ LA DERROTA EN 2013

Desde 1938, la derecha sólo ha ganado dos elecciones presidenciales: en 1958, con el célibe enfermo imaginario, Jorge Alessandri Rodríguez y saca mocos  Sebastián Piñera. El haber perdido casi la totalidad de los comicios presidenciales quiere decir que la derecha no ha tenido ningún poder político en Chile, por consiguiente, este país ha sido normalmente centro-izquierdista. El hecho de perder las elecciones ha afianzado en la derecha una tendencia dictatorial y autoritaria: es la división de los partidos de derecha la que hace imposible que triunfe en alguna elección presidencial. Si tomamos los dos extremos de esta historia, 1938, en que la derecha llevaba a un empresario avaro y especulador, don Gustavo Ross Santa María, y en el 2006, que nuevamente lleva a un empresario, apostador de la Bolsa y, al parecer, bastante avaro, pues destinó muy pocos recursos a su campaña. Gustavo Ross era un porteño afrancesado, hablaba castellano con acento galo; Popeye Piñera pretende presentarse como profesor de la universidad de Harvard, en Estados Unidos. Don Gustavo perdió por culpa de los falangistas y Popeye Piñera, por la estúpida quimera de querer conquistar a los humanistas cristianos; Gustavo Ross fue víctima de la dictadura de Ibáñez, pero en 1938, coqueteaba con el fascismo italiano; Popeye votó contra Daniel López Pinochet en el plebiscito de 1988, pero terminó del brazo con los dictatoriales, en el 2006. Como elñ lector podrá comprobar, hay demasiadas similitudes entre ambos empresarios candidatos.

En 1942, en plena Guerra Mundial la derecha, traicionando los valores democráticos, llevó como candidato al ex dictador Carlos Ibáñez del Campo, cercano al nazismo-fascismo; afortunadamente, don Arturo Alessandri, por los liberales y Rafael Luis Gumucio, por los conservadores, no sólo no apoyaron a ex tirano, sino que hicieron propaganda por su rival, Juan Antonio Ríos que era un radical arribista, autoritario, militarista e ibañista; nadie se acuerda hoy del oportunismo chileno, en la Segunda Guerra Mundial, cuando se declaró la neutralidad en la lucha entre la democracia y el nazismo. Se puede decir que, en las elecciones de 1942 de nuevo, perdió la derecha. En 1946, la derecha se presentó dividida: por un lado el social-cristiano Eduardo Cruz-Coke, quien obtuvo el 29.7% de los votos, y Fernando Alessandri, el 27.2% de los sufragios; si sumamos a ambos candidatos derechistas dos da el 56.2% de los votos, contra el 40% del izquierdista Gabriel González Videla; no había ninguna diferencia entre Cruz-Coke y Alessandri: pertenecían a la misma clase social, representaban los mismos intereses económicos, ambos eran progresistas en el mundo de la posguerra, se había acabado, hacía mucho tiempo, la guerra teológica entre conservadores y liberales, por consiguiente, fue sólo la división de la derecha la que posibilitó el triunfo del traidor y rumbero, Gabriel González Videla quien, al poco tiempo, traicionó a sus aliados comunistas.

En 1952 la derecha, de nuevo, llevó candidaturas separadas: Arturo Matte Larraín, apoyado por liberales y conservadores, y Pedro Enrique Alfonso, apoyado por radicales y falangistas. Esta vez, Carlos Ibáñez arrasó en las elecciones, con el 46.8%, contra el 27% de Matte y el 20% de Alfonso, los que sumados, le permitirían empatar con Ibáñez quien, en ese tiempo, era apoyado por agrarios laboristas y socialistas. Sólo en 1958, Jorge Alessandri logra ganar a Salvador Allende, por una diferencia del 3% de los votos. En triunfo de la derecha es muy magro y, al año, Alessandri ni siquiera logra un tercio para aprobar leyes en el Congreso, causa por la cual se ve obligado a aliarse a los arribistas radicales, siúticos que imitaban los modos de vida de la clase alta luciendo, como Daniel López Pinochet, una perla en la corbata y vistiendo abrigos de piel de camello –no hay nada más asqueroso, tonto y miserable que hombres de clase media quieran imitar los modos de vida de la clase alta, gente de esta calaña siempre corrompe a los partidos de centro-.

En 1964, después de las elecciones de Curicó, la derecha tiene que votar obligada, tapándose las narices, por Eduardo Frei Montalva, aterrada ante el peligro del triunfo de Salvador Allende. En 1970, de nuevo la derecha estaba convencida de que iba a ganar con el célibe Jorge Alessandri, por esta razón no acepta ningún proyecto de segunda vuelta que, a lo mejor, la hubiera salvado e, incluso, tuvo la jactancia de sostener que quien no tuviera un voto más, fuera elegido antes de que lo hiciera el Congreso Pleno; de nuevo, fue derrotada por Salvador Allende.

De 1973 hasta 1989, la derecha gobernó dictatorialmente con el asesino y ladrón Daniel López Pinochet; parece ser que su única posibilidad de éxito será por la vía dictatorial, pues el pueblo la rechaza. Cuando se recupera la democracia, la derecha sigue perdiendo: en 1989, el chascón Büchi obtiene el 29.4% de los votos, y Pollitos Francisco Javier Errázuriz, el 15.43%, es decir, juntos el 44.8%, y Patricio Aylwin un 51.17%; claro que no era fácil juntar la demagogia del hombre de los pollitos con el neoliberalismo del pinochetista Búchi. En el siguiente período, en 1994,  Eduardo Frei, obtuvo el 57.98% de los sufragios, Arturo Alessandri Beza, el 24.41% y José Piñera, un 6.18%. La derecha estaba en su mayor declive y la Concertación en su cenit. No sabemos cómo Eduardo Frei Ruiz-Tagle se las arregló para dilapidar tan rápidamente esta cuantiosa fortuna electoral; ni siquiera los dueños de fundo, de principios del siglo XX, lograban botar su riqueza, en la mesa de juegos.

En la elección de 1999 y la del 2000 –en segunda vuelta – se presentó la oportunidad única para derecha, representada por el arcángel Lavín, de ganar una elección presidencial; la diferencia con el profesor Lagos fue prácticamente nula, un empate técnico, como dicen los alambicados técnicos electorales; si no hubiera sido por apoyo de los comunistas, el profesor se hubiera ido cortado. Por último, en el 2006, el empresario Lúculo Piñera pierde por paliza, contra la bella Michelle Bachelet. Cuándo la derecha ganará una elección presidencial? No soy profeta, pero como va, y su estilo de hacer política, me da la impresión de que no va ser durante el presente siglo, salvo que las estupideces y manos manejos de la Concertación terminen por ayudarle.

Si bien la derecha no gana las elecciones presidenciales en más de 60 y tantos años, ha gobernado casi siempre, con la salvedad del período de Salvador Allende, (1970-1973): De 1942  hasta 1952,integró todos los gabinetes de los gobiernos radicales; conservadores y liberales tuvieron mayoría en el Parlamento; la totalidad de los empresarios eran derechistas; no había, como hoy, lobistas como Garretón, Correa y Tironi, que se dicen izquierdistas; todos los diputados eran miembros de los directorios de las empresas privadas: se llamaban consejerías parlamentarias; las hijas de los radicales se casaban con los hijos de los conservadores, un amasijo entre masones y católicos, pero que siempre les reportaba grandes beneficios. Así, el poder económico estaba en manos de la derecha y no era necesario poseer la presidencia del país, que sólo trae malos ratos; por lo demás los radicales y después los socialistas, administran de mejor forma el capitalismo manteniendo callados a los sindicatos y repartiendo migajas a los pobretes. No eran necesarios los generales, ni los golpes de Estado, pero se recurría a ellos cada vez que el populacho se rebelaba. Así se hizo con la Ley de Defensa de la Democracia, de González Videla, con las matanzas del 2 de abril, con Ibáñez, con el asesinato de la población José María Caro, con Jorge Alessandri, y El Salvador y Puerto Montt, con Eduardo Frei. Por la razón o la fuerza. Si se quedan callados, tendrán “democracia”, si se rebelan, tendrán militares.
 
  En  el 2010  gano con Piñera todo indica que solo la derecha durara 4 años en el poder seguro  para volver a perder en 2013 con la gabarabatera  y  un poco  histérica de Evelyn Metthei,  no hay caso la derecha dura muy poco en el poder si es elegida democraticamente

Si bien la derecha pierde elecciones, siempre logra mantener el poder, pues los políticos de clase media, sean radicales, demócrata cristianos o socialistas, están en la cola para convertirse en los mejores administradores de la dictadura neoliberal. Mientras exista este tipo de izquierda no hay esperanza de cambio que, a mi modo de ver, sólo puede venir de la sociedad civil cuando se transforma de clase  en sí a clase para sí, en la terminología de Carlos Marx.

Para Tejemedios escribió:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
Historiador, Escritor, Doctor en Educación y ex Diplomático

SU EXCELENCIA, EL REY DE LOS LUGARES COMUNES

Chile es un país monárquico hasta en los nombres de folklóricos personajes – el rey de mote con huesillo, el de los feos, el de las empanadas, el de las hamburguesas, el huachaca – y el del primer mandatario actual, que  es el rey del lugar común. Aún no logro explicarme cómo memorizó un diccionario completo de adjetivos de toda índole, sinónimos y muy pocos antónimos, pues es partidario de la “democracia de los acuerdos”. Los lugares comunes constituyen un tópico de la literatura universal – léase los diccionarios de los lugares comunes de Gustave Flaubert y de León Bloy que nos pueden ilustrar sobre el tema -.
               
En Chile, es muy raro que el monarca finalice  su período con altos índices de desaprobación - Ricardo Lagos y Michelle Bachelet  son un ejemplo -, pero hay otros como Juan Luis Sanfuentes (1920), y Eduardo Frei Ruiz-Tagle, (2000), que terminaron sus respectivos períodos con altos índices de rechazo. Sebastián Piñera intenta, sobre la base de lugares comunes “empáticos” acercarse a los dos primeros aun cuando, al parecer, no le resulta a pesar de los esfuerzos comunicacionales.
               
No hay droga más adictiva que el poder y, en el caso de Chile, no hay ex Presidente que aspire a “repetirse el plato”. Arturo Alessandri y Carlos Ibáñez sendos períodos en la república, (1920 y 1932; 1927 y 1952, respectivamente). En la monarquía neoliberal, desde 1990, hasta ahora, nadie ha logrado esta hazaña, pero  todos los ex Presidentes, (salvo Aylwin), lo han intentado. Para no ser menos, Sebastián Piñera quiere imitar a sus colegas, aun cuando su gobierno sea un desastre “¿Si lo hizo Eduardo Frei, por qué yo no?” ¡El sueño de pibe!
               
Durante un tiempo creí que Su Excelencia era un gran humorista, al estilo de Ramón Barros Luco, ambos mandarines que anunciaban el fin de una etapa – el primero, del parlamentarismo y, el segundo, del duopolio – actualmente, he cambiado de parecer  al respecto, pues el Presidente es bastante hábil para dejar con la boca abierta a moros y cristianos: por ejemplo, usa a su señora, Cecilia Morel, para evitar el acoso de los periodistas sobre su intención de presentarse, una vez más, en 2018 como candidato presidencial; otrora habla de los “cómplices pasivos”, ahora, tal vez presionado por la UDI, cambia su versión acusando al gobierno de Salvador Allende de ser el culpable del golpe de Estado. Por otra parte, se vanagloria de haber votado por el NO en el plebiscito de 1988, pero deja en muy mal pie a su candidata, Evelyn Matthei, aludiendo a su error por haber apoyado la opción SÍ a la continuidad de Pinochet.
               
El rector de la Universidad Diego Portales, en una de sus sabrosas columnas de opinión, en El Mercurio, sostiene que Sebastián Piñera se vengó de las humillaciones de la derecha pinochetista al patentar el concepto de “cómplices pasivos”, queriendo abrir una fosa entre una supuesta derecha democrática, de la cual él sería el líder, y otra, autoritaria y nostálgica de la dictadura. Personalmente, pienso que no hay tal derecha democrática y que, paulatinamente, volverá a ser cautivo de la única fuerza poderosa  de su sector político, la UDI.
               
Las expresiones como “no quiero, ni debo y ni puedo” del demagogo Arturo Alessandri Palma, son más falsas que las de Judas. Cuando un político – especialmente de las características de Piñera -  quiera decir que no va a ser candidato presidencial una vez más, se debe creer lo mismo que en el caso de Michelle Bachelet cuando se refería, “durante su gobierno, nadie se iba a repetir el plato”. El Palacio del Zorro, La Moneda, tiene un atractivo sin límites para cualquier política que se precie de tal y,  hasta ahora, no conozco a ninguno que desprecie tan alto honor, pues no hay nada peor que estar lejos del poder.
               
Conocemos poco a al Presidente actual y habría que remontarse a su árbol genealógico para tratar de comprender tan compleja personalidad. Su padre, don Pepe, no era precisamente un funcionario de Correos – como el de Cantinflas – sino un buen diplomático falangista, uno de los personajes más simpáticos de la aristocracia chilena y gran bohemio y gozador de la vida, que dejaba vacías las tarjetas de Crédito de su hijo Sebastián; fue el único caballero chileno que, en el ocaso de su vida, se separó de la Pichita Echeñique. Miguel, su otro hijo, heredó un poco las características de su padre.  Los demás hermanos del Presidente son bien conocidos: José, el ultra reaccionario creador de las nefastas AFPs, Pablo, democratacristiano, bastante hábil para el pituto. Creo que en Sebastián Piñera hay una mezcla de la personalidad de su padre, algo de su hermano Miguel y de José, en la concepción neoliberal e idólatra de las finanzas.
               
Nada ha sido mejor negocio para Piñera que haber asistido con su padre a una manifestación en que hablaba Frei Montalva,  en el Teatro Caupolicán, para rechazar la Constitución de 1980 que, en ese año, iba a ser plebiscitada por el dictador Pinochet. Este verdadero regalo de la historia le ha sido muy útil en toda su vida pues, incluso, le permitió ganar algunos sectores de la Concertación, entre ellos Fernando Flores, (ex ministro de Allende), hecho que, entre otros factores, lo llevó a la presidencia, en 2010 – en mi opinión, Piñera no ganó, sino que Eduardo Frei Ruiz-Tagle perdió por ser mal candidato -.
               
Sebastián Piñera se está convirtiendo en el líder indiscutido de la derecha, quizás no por sus méritos, sino por enanismo moral y político de sus personajes, especialmente de la UDI, pues Renovación Nacional está a punto de eclosionar. Antiguamente, Jorge Alessandri se aprovechó de la crisis de liberales y conservadores, en 1958, para convertirse en líder indiscutido de la derecha, ahora, a lo mejor, Sebastián Piñera quiere hacer otro tanto.

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RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
Historiador, Escritor, Doctor en Educación y ex Diplomático

¿POR QUIÉN VOTAN LOS DUEÑOS DE CHILE?

Es una ingenuidad creer que su voto vale igual que el de las cinco familias más ricas de Chile: en una democracia bancaria los únicos que hacen y deshacen gobiernos son los multimillonarios. Si alguna vez la plutocracia tuvo temor al sufragio universal, hoy se sabe bien que  el dinero anula el poder de las mayorías. Si, por acaso, el pueblo elige a un gobernante que pretenda abrir paso al socialismo – como ocurrió con Salvador Allende – los ricos recurren, en última instancia, a un ejército mercenario para que aniquile a su pueblo, que soñaba con mayor igualdad.
               
Se dice, vulgarmente, que el dinero no tiene patria, por mi parte, agregaría que muy poco interesa a los dueños de Chile a qué combinación política deben apoyar, pues su único norte es mantener a este país como su parcela privada. No es la primera vez que la derecha esté a punto de caer el colapso y que Evelyn Matthei – como va hasta hora – ni siquiera pase a segunda vuelta, siempre la derecha económica encontrará a otro candidato o candidata que defienda sus intereses de la mejor manera; en el caso de las elecciones de noviembre de 2013, no cabe duda de que Michelle Bachelet, con virtualidades de triunfo, se ha convertido en la candidata de los más ricos de Chile.
               
Algunos ingenuos se extrañarán que los Luksic y Cía. apoyen, incluso altas sumas de dinero, a una candidata que, en su combinación política, incluye al Partido Comunista. Si recurrimos a la historia, en la década de los 40 los liberales formaron gobierno junto con los comunistas y, en 1964, los empresarios de derecha no tuvieron ningún empacho en apoyar a Eduardo Frei Montalva – según la izquierda, “era la otra cara de la derecha”, más moderna, menos oligárquica y dispuesta, además, a realizar las reformas contempladas en La Alianza para el Progreso, impulsada por el gobierno norteamericano para Latinoamérica – que, a pesar de haber impulsado la reforma agraria y la sindicalización campesina, se convirtió en un fiel impulsor del capitalismo empresarial.
               
Los gobiernos de la Concertación han mejorado, incluso aportando una reducción de la extrema pobreza – de 40% a un 15%, aproximadamente – el sistema económico heredado de la dictadura de Augusto Pinochet. El sociólogo e investigador Felipe Portales ha aportado una serie de referencias que prueban la admiración de los distintos ministros de los gobiernos de la Concertación por los logros económicos de los Chicago Boys – Carlos Ominami, en su último libro, Secretos de la Concertación, narra cómo esta combinación política decidió no tocar las privatizaciones realizadas durante el gobierno de Pinochet, “por no abrir un nuevo frente de  batalla”; el supuesto pragmatismo de los líderes de la llamada “centro izquierda”, para algunos de sus líderes  era miedo puro a los militares – para mí, afán de convertirse en derechistas y, muchos de ellos, en modernos empresarios -. En el documental Los héroes están fatigados, de Marco Enríquez-Ominami, por ejemplo, el otrora revolucionario Óscar Guillermo Garretón, en la época de la filmación era gerente de la Telefónica, declaró, muy complacido, que la mayor revolución que había realizado en su vida había sido la de democratizar y masificar la propiedad de los teléfonos.
               
No falta quien aún crea que Michelle Bachelet -  en el supuesto de que gane – va a aplicar una reforma tributaria que pagar impuestos a los empresarios y a los más ricos de Chile, pero la verdad es que, bajo las presiones de la derecha democratacristiana, especialmente,  y de los mayores financistas de su candidatura, la propuesta tributaria va cambiando, a fin de ajustarse a los intereses de los accionistas. Ya no hay claridad si va a tocar el FUT, en cuántos años;  del royalty, no hay noticia; tampoco está claro en cuánto va a aumentar el impuesto a la primera categoría; ni hablar de la recuperación de las riquezas básicas, mucho menos de un IVA diferenciado. Un programa de reforma tributaria, que se prolonga mucho en el tiempo, tiende a diluirse y a perder su capacidad redistributiva y, en consecuencia,  logra asegurar seguir aumentando las altas rentabilidades a los ricos de Chile.
               
Los dueños de Chile no tienen nada de tontos y saben muy bien que la verborrea  progresista de que hace gala el programa de gobierno de la Nueva Mayoría terminará por engañar a muchos ciudadanos, honestamente de izquierda, que esperaban que el programa  se hicieran realidad, pero se da el caso de que algunos candidatos y candidatas “postulan con promesas y gobiernan con explicaciones”, y favorecerá a los empresarios. Históricamente, los gobiernos de Ricardo Lagos y de Michelle Bachelet han sido los mejores para esta casta plutocrática – no en vano, el primero de ellos es su “San Expedito”.

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RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
Historiador, Escritor, Doctor en Educación y ex Diplomático

POR MIEDO AL FUTURO ALGUNOS OPTAN POR LA COALICIÓN POLÍTICA QUE MEJOR LOS PUEDA ENGAÑAR

La Concertación hoy, camuflada en la Nueva Mayoría – o la nueva tontería – nos ha probado, hasta la saciedad, que no es más que la continuación del régimen de Pinochet que instaló a sangre y fuego, incluso, profundizando el sistema neoliberal que los Chicago Boys de la época impusieron  sobre la base del terrorismo de Estado. Los ministros de Hacienda de la Concertación, verdaderos mandarines de la transición a la democracia, ya precisaban de la fuerza de las armas y del terror para implementar medidas económicas, que no  difieren en mucho a las aplicadas por la dictadura.
               
Los presidentes monarcas elegidos eran fácilmente dominados por sus ministros de Hacienda - en este caso reemplazaban a las amantes de los borbones o a los válidos, como Manuel Godoy respecto al rey Carlos IV – Alejandro Foxley, Aninat, Nicolás Eyzaguirre y Andrés Velasco, que estaban dotados, quizás, de más poderes que el propio Presidente de la república.
               
La Concertación no sólo fue un apéndice de la dictadura en el plano de la aplicación del neoliberalismo económico, sino que también careció de coraje para enfrentarse  a los militares y a todos los demás sectores en materias de violación a los derechos humanos. El balance de sus veinte años de gobierno es bastante negativo: el primero, por terror ante las presiones militares y, segundo, por “transar sin parar” con la derecha en cuestiones fundamentales,  especialmente referidas a los derechos humanos. En el “prontuario” de los Presidentes de la república de este conglomerado podemos consignar, sucintamente, los siguientes hechos: 1) la aplicación de la “razón de Estado” para salvar al hijo de Augusto Pinochet, acusado de graves delitos económicos; 2) gestión de la liberación de Pinochet, preso en Londres, pretextando la falsedad de que sería juzgado en Chile; 3) Eduardo Frei y Soledad Alvear firmaron el decreto de construcción de una cárcel, en Punta Peuco, para albergar a genocidas.
               
Durante los gobiernos de la Concertación, si bien se redujo la extrema pobreza, la desigualdad se ha mantenido incólume – el índice GINI así lo indica – y la concentración del poder económico, incluso, se ha radicalizad dándole aún más poder a unos pocos millonarios, que se han adueñado del país. Por otra parte, no mostraron ninguna voluntad para reemplazar las AFPs y las ISAPRES por un sistema de previsión mixto  y una salud pública de calidad.
               
En 2009 se llevó a cabo el primer intento de superar un escenario dominado por las fuerzas del duopolio, con el proyecto-país planteado en el Decálogo de  la candidatura de Marco Enríquez-Ominami. A pesar de haber obtenido un 20% en la primera vuelta, en las elecciones presidenciales – la más alta  de un candidato en el período de transición – no se pudo poner fin al inicuo sistema de la democracia de los acuerdos, que nos llevó a tolerar, por cuatro años más, un pésimo gobierno de derecha, encabezado por Sebastián Piñera.
               
En 2013, con nueve candidatos a la presidencia de la república, y con la derecha prácticamente derrumbada, nuevamente se presenta la posibilidad de eliminar la colusión duopólica de los Partidos que  representa la vieja política - hoy la Concertación y la Alianza, después de cuatro años, tiene menos apoyo popular que nunca, sin embargo, un proyecto  populista y ambiguo, encabezado por Michelle Bachelet, puede salvar a los desprestigiados  dirigentes de la Concertación  de su seguro ocaso político -. Con un posible triunfo de esta candidata podrán seguir repartiéndose el botín del Estado a su amaño.
               
La historia nos prueba que candidatos elegidos con amplio apoyo popular han terminado por defraudar a sus electores – Carlos Ibáñez del Campo, en 1952, elegido con 444.000, y de Eduardo Frei Montalva, en 1964, con el 55,7%, y últimamente, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, con el 58%; estos tres gobiernos terminaron en un verdadero desastre -, pues el populismo y la ambigüedad programática pueden pagar bien en el plano electoral, pero pésimo en el arte de gobernar.
               
Es lamentable que el miedo al futuro lleve a muchos electores a elegir combinaciones políticas que, lo más probable, es que engañen al pueblo nuevamente. El olvido de la gestión de la Concertación, durante dos decenios, puede conducirnos a una repetición de plato.
Si nos empapáramos más de la historia, podríamos comprobar que todos gobernantes elegidos dos veces, no han tenido éxito en su segundo período.

Para Tejemedios escribió:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
Historiador, Escritor, Doctor en Educación y ex Diplomático

LA IGUALDAD ANTE LA LEY ES UN SARCASMO

Nada más falso que el precepto constitucional que garantiza la igualdad ante la ley. En Chile, el sistema carcelario, por ejemplo, reproduce el clasismo y la  desigualdad, propias de nuestra estructura social: a quienes cometen delitos llamados “de cuello y corbata” no se les aplica ninguna penalidad, y ellos saben, perfectamente, que por el solo hecho de ser ricos y con poder, les da el privilegio de la más completa impunidad.
               
El régimen carcelario chileno se caracteriza por un atropello permanente a los derechos humanos: los internos viven como cerdos y en recintos superpoblados hacinados -  lo confirma un informe del ministerio de Justicia, que consigna un 70% de saturación en las prisiones chilenas -; nuestro país tiene 50.000 personas en los penales, una de las cifras más grandes del mundo si se considera el número de habitantes del país, pero sólo los pobres van a la cárcel que son, como lo decía Luis Emilio Recabarren, verdaderas universidades del delito. En una visita realizada por los miembros de la Corte de Apelaciones se llegó a la conclusión de que hay un alto porcentaje de reos que duermen en el suelo, sometido al frío, a la promiscuidad, a los servicios higiénicos insalubres, a la alimentación deficiente y “poco balanceada”, a las riñas – a veces con consecuencia de muerte - y, lo que es peor, al trato vejatorio, cruel e inhumano, cuya culpa recae, especialmente, en los gobernantes, que no han sido capaces de enfrentar este grave problema.
               
Uno de los ejemplos más escandalosos de esta desigualdad ante la ley lo constituyó, la semana recién pasada, el permiso de una jueza para que el gerente de La Polar, responsable de la estafa de más de un millón de chilenos pobres, pudiera pasar unas “felices fiestas patrias”, nada menos que en Zapallar y exclusivos balnearios de la Región de Los Lagos; la medida cautelar de prisión domiciliaria, desde ya irrisoria para un delito de alta penalidad, se transformó en unas soñadas vacaciones que cualquier imputado se quisiera – nada mejor que estafar a los chilenos y, además, ser premiado -.
               
Manuel Contreras Sepúlveda, culpable de miles de asesinatos y condenado a más de trescientos años – en cárcel de lujo, en el Penal Cordillera, un antiguo lugar de esparcimiento para militares, dotado de piscina, cancha de tenis, internet, quincho y demás comodidades de un lugar de veraneo – se da el lujo ser entrevistado por dos canales de televisión, amenazando, mintiendo y negando, a su gusto, los crímenes ejecutados por la DINA, bajo su mandato, lo cual constituye un verdadero insulto a la mayoría de los chilenos salvo algunos personajes recalcitrantes que aún añoran la tiranía.
               
Punto Peuco y Cordillera,  si las comparamos con las cárceles para los chilenos de a pie, son verdaderos hoteles de lujo, con visitas diarias, sin límite de duración, cuando los internos comunes sólo la tienen una vez por semana.
               
El drama de Chile es el olvido, por ejemplo, muy pocos recuerdan que Punta Peuco fue una invención de Eduardo Frei Ruiz-Tagle - presionado por los militares, que  exigían un trato preferencial  para los genocidas de la DINA y CNI – cuyo decreto está firmado por la ministra de Justicia, Soledad Alvear. Ricardo Lagos Escobar, a la sazón ministro de Obras Públicas,  se negó, por dignidad, a autorizar la construcción de Punta Peuco, por lo cual fue amenazado con ser  ser reemplazado por José Miguel Insulza y al final, Lagos se doblegó. En cuanto al penal Cordillera, fue habilitado durante el mandato de Lagos y, según el ex ministro Vidal, a este “paraíso terrenal” llegó toda la plana mayor de la DINA, durante el gobierno de Michelle Bachelet  – aún hay tontos útiles e intereses creados que quieren que se repita el plato -.
               
Como en este país  reina el cinismo – no confundirle con la hipocresía, que es lo opuesto – un alto oficial de gendarmería en ejercicio dijo, muy orondo ante las cámaras de televisión, que “Cordillera constituía el modelo de cárceles que debiera existir en Chile” -  esperemos sentados que sean para los pobres – además,  expresó este personero que “los gendarmes, como fuerza armada, “trataban con mayor deferencia a los generales privados de libertad y que no maltrataban a los reos comunes”.
               
El trato especial que se da a los genocidas, incluso cuando visitan el hospital militar - donde tienen todas las prerrogativas, pues mantienen el grado de general - difiere, del cielo a la tierra, con la forma en que atiende a cualquier chileno de a pie en los hospitales públicos, por ejemplo. En Chile, la igualdad ante la ley es un verdadero sarcasmo.

Para Tejemedios escribió:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
Historiador, Escritor, Doctor en Educación y ex Diplomático

EL QUIEBRE DE LA DEMOCRACIA EN CHILE

Con ocasión de los cuarenta años del golpe de Estado las ediciones de la Universidad Diego Portales han relanzado entre otros libros, un clásico de la ciencia política, El quiebre de la democracia en Chile, de Arturo Valenzuela. La vía chilena al socialismo no sólo tuvo un papel fundamental en la izquierda italiana y francesa, sino que también ha inspirado profundos y variados debates entre los cientistas políticos. Giovanni Sartori, politólogo italiano, sobre la base de la experiencia chilena desarrolló la idea del “multipartidismo polarizado”, la tendencia de que los extremos del sistema de partidos políticos tiende a forzar la desaparición de los partidos de centro.
               
El ensayista político español Juan Linz y Arturo Valenzuela desarrollaron, sobre la base del derrumbe de la democracia chilena – a raíz del golpe de Estado de 1973 - una aguda crítica al presidencialismo predominante en los países latinoamericanos, particularmente en Chile. La monarquía presidencial, que en cada elección se juega el todo o nada – tanto para el Ejecutivo, como para el legislativo, ambos poderes emanados de la soberanía popular - carecen del fusible necesario que, en el parlamentarismo, es el Primer Ministro. En el caso chileno, generalmente se dio una doble minoría: el Presidente, elegido con menos del 50% de los sufragios y, en la mayoría de los casos, gobernando con una minoría en una o en ambas ramas del parlamento bicameral que, para rematar la crisis, los senadores se eligen por mitades, en un largo período de ocho años.
               
Juan Linz sostiene que, en el caso chileno, si hubiera existido un régimen parlamentario, posiblemente hubiera caído el gobierno, pero no el sistema político – como ocurrió a partir del 11 de septiembre de 1973 -. El modelo de este autor es la  transición española luego del gobierno de Francisco Franco, en el sentido de que el parlamentarismo, adoptado en la Constitución democrática, ha permitido superar las crisis, limitándolas a la caída de un gobierno, pero no del sistema.
               
Personalmente, soy contrario a la monarquía presidencial, y encuentro que la forma de gobierno  que Chile debe adoptar es el semi presidencialismo: en Chile no existe ningún equilibrio de poderes, ni balances, ni contra balances, pues el Presidente tiene más poderes que, por ejemplo, el rey Borbón Carlos III, de España, y el Parlamente, en consecuencia, es puramente decorativo, sin embargo, en muchos casos, “los monarcas” terminan dominados por los partidos políticos de su coalición. La adopción de un sistema similar al que rige, por ejemplo, en Francia, garantizaría el necesario equilibrio de poderes y la salvaguardia del sistema político democrático.
               
Arturo Valenzuela, al referirse al caso chileno y el quiebre de la democracia en 1973, sostiene que el problema fundamental fue político más que económico, sin minusvalorar las variables de esta última categoría. Según el autor, las fuerzas del centro político – pragmáticas y de patronazgo, en el caso de los radicales, y mesiánicas y doctrinarias, en el caso de la Democracia Cristiana – constituían un elemento fundamental de un sistema político, basado en las alianzas. En el caso del Partido Radical, a la izquierda y a la derecha; la idea del “camino propio”, de la Democracia Cristiana, embotaba esta posibilidad de alianza.
               
Según la tesis de Valenzuela sobre el quiebre de la democracia, la anulación de un centro político, capaz de sostener una política de alianzas, con predominancia de los partidos políticos extremos del sistema – Socialista y Nacional, por ejemplo – y no las fuerzas anti sistémicas – MIR y Patria y Libertad – condujo al multipartidismo radicalizado.
Tanto la Democracia Cristiana, como las Fuerzas Armadas, tenían la clave para la salida democrática a un sistema político en extremo polarizado. Estoy convencido, sobre la base de múltiples pruebas de que la Democracia Cristiana jugó un papel decisivo en la acción violenta de las Fuerzas Armas en el derrocamiento del gobierno, legítimamente constituido de Salvador Allende.
               
El acuerdo de la cámara de diputados, que declaró la ilegitimidad del gobierno de Salvador Allende y que solicitó la intervención de las Fuerzas Armadas, fue uno de los factores detonantes de la catástrofe que se avecinaba, además, los contactos de Eduardo Frei Montalva, líder de la oposición, con sus edecanes Óscar Bonilla y Sergio Arellano Stark, que alimentaban un inminente golpe de Estado, que el presidente del senado consideraba inevitable y, además, irreversible.

Cualquier historiador, con nociones mínimas en el análisis de documentos, si recurre a los testimonios y declaraciones de Eduardo Frei y de la directica democratacristiana, podrá concluir, fehacientemente, que la Democracia Cristiana no sólo promovió, sino que animó el golpe de Estado.

El análisis de Arturo Valenzuela publicado, por primera vez, cinco años después del golpe de Estado, y reeditado con motivo de cumplirse 40 años, mantiene plenamente su vigencia: “el tema de hoy no es la economía, es el poder”.

Para Tejemedios escribió:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
Historiador, Escritor, Doctor en Educación y ex Diplomático