En 1895, Gustave Le Bon publicó su obra La
psicología de las masas, por medio de la cual entregaba distintos elementos de
la psicología a los líderes políticos, a fin de que pudieran manipular, de la
forma más asertiva posible, a las masas que, por naturaleza, son manejables si
recurre a la interpretación de sus sentimientos, pasiones, emociones,
antipatías, odios y frustraciones. Este pensador francés fue inspirador, en
Chile de los años 20, del agitador y demagogo Arturo Alessandri Palma, su
admirador incondicional.
En la sociedad de masas, las manifestaciones
políticas populares tenían un papel fundamental en el pronóstico del fruto de
las campañas y del posible resultado electoral- en un comienzo, se trataba de
reunir cerca de nueve mil personas en el Teatro Caupolicán, y al fin de la
campaña, el desafío consistía en convocar a las masas a la Plaza Bulnes que,
normalmente, tenía una capacidad para tres mil ciudadanos – y era entonces
cuando el discurso del líder tenía un rol
fundamental – en ese tiempo había grandes oradores, como Radomiro Tomic,
Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende, entre otros -.
En la actual sociedad, las manifestaciones
populares juegan muy escaso papel, pues a ningún candidato se le ocurriría
convocar a una manifestación en la Plaza
Bulnes o en otra similar, ya que en esta época posmoderna, la verdad
comunicativa se presenta como el instrumento fundamental: las campañas
transcurren a través de las redes sociales, la televisión y la relación
presencial mediante el puerta a puerta, sin embargo, aún las teorías de Le Bon,
surgidas en la sociedad de masas, tienen vigencia; algo similar ocurre con la
“ley de hierro de las oligarquías respecto de los partidos políticos”, (ley de
Michels).
A un mes escaso de las elecciones presidenciales,
con un 15% de indecisos, sumado a un número enorme de un millón o más de
personas de quienes ignoramos si van o no a concurrir a las urnas, las manipulaciones mediante los medios de
comunicación de masas y de las redes sociales pueden de vital importancia,
sobre todo, como se ha comprado durante estos días, si se recurre a la
psicología de las masas, propuesto por Le Bon, quien bate el récord en el abuso
de los métodos de persuasión – de este estilo es el candidato Franco Parisi,
que recurre a la estrategia de agitar las pasiones populares, fundamentalmente,
las anti políticas; debemos reconocer una cierta eficacia a este método, como
ocurrió en la presentación de su primera franja electoral -.
Otra forma de manipulación para ganar indecisos se
ha centrado en las famosas encuestas que, como decía Marco Enríquez-Ominami,
“son como los perfumes, que no sirven para tomarlos, mucho menos para
alcoholizarse con ellos”. Hay encuestas de todo tipo: unas como whisky etiqueta
negra y, otras, como el “bigoteado”; entre las primeras, las presenciales
(Universidad Diego Portales, CEP, Cerc, UDD), y otras, las telefónicas, en que
la mayoría de los chilenos ya no cuentan con teléfono fijo, por consiguiente,
tienen grandes márgenes de error.
En las últimas elecciones municipales, los
pronósticos de los debates, las encuestas fueron desacertados, si les
hubiéramos creído, Zalaquet hubiera sido acalde de Santiago y Labbé, de
Providencia.
A los politólogos les agrada jugar con las
características psicológicas de aquellos ciudadanos que no responden a las
encuestas, definiéndolos como “derechistas”, que no se atreven a manifestar su
opción política por vergüenza, pero esta hipótesis me parece un solo
divertimento sociológico. Si las encuestas se atuvieran a su margen de error,
que no supere el 3%, no sería necesario hacer elecciones.
La franja y los debates tienen sus propios modelos:
la primera, del NO, en que se destaca la alegría y el optimismo – que,
posteriormente, se transformó en desesperanza y desazón – y, el segundo, el debate
realizado entre los candidatos R. Nixon y J.F. Kennedy – el primero se presentó
nervioso, inseguro y sudoroso y el segundo, seguro, lozano y atractivo -. En
ambos casos, estos modelos no se
repetirán.
Para Tejemedios escribió:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
HISTORIADOR, ESCRITOR, DOCTOR EN EDUCACIÓN