Según Patricio Navia, el populismo es como el
colesterol: hay uno bueno y necesario y otro malo, que podría conducir a
accidentes vasculares; pensar América Latina sin el populismo, equivaldría
a tener un continente sin corazón y sin
pasiones. Sin el peronismo de los 50 del
siglo pasado, Argentina actual no tendría ninguna explicación
histórico-política.
En esta columna trataremos del populismo en la
derecha que ha aparecido, en muchas ocasiones, en la derecha, por ejemplo,
Carlos Ibáñez del Campo es un personaje muy difícil de clasificar
políticamente: su “Nuevo Chile” de 1927-1931 no fue, precisamente, un régimen
fascista; –ideología muy en boga en esa época– tampoco imitó la dictadura
española de Miguel Primo de Rivera, el padre de José Antonio, fundador de la
Falange, ni siquiera instauró el corporativismo, ni fundó un partido político
ibañista, más bien su régimen podría calificarse como bonapartista. En su larga
vida política, que fluctuó entre el populismo de derecha y de izquierda, en
1927 se impuso como dictador; en 1938 fue apoyado por los “nacis” chilenos -tenían la particularidad de escribirlo con c
y no con z- pero se vio obligado a retirar su candidatura a causa de la
acusación como instigador de la rebelión de los estudiantes, que terminó en la
matanza del Seguro Obrero. En 1943 fue un candidato populista de derecha,
apoyado por liberales y conservadores, con la excepción de Arturo Alessandri y
de algunos de sus seguidores; en estos comicios Juan Antonio Ríos se impuso
sobre Ibáñez por 55,9% contra 44% de su rival. En 1952, apoyado por el Partido
Agrario Laborista, de tendencia derechista, y por los socialistas populares de
izquierda, elecciones donde arrasó con más de 400.000 sufragios sobre su rival,
Arturo Matte Larraín, que obtuvo 265.000 votos.
Durante este mandato populista, que fluctuó entre
gabinetes de izquierda y de derecha, fue un verdadero desastre, y su único
mérito fue el de no haberse dejado manejar por conspiraciones militares, como
la “Línea Recta” y, además, haber derogado la Ley de Defensa de la Democracia –
impuesta por Gabriel González Videla, en 1948 – y una nueva ley electoral, que
consagró la Cédula única y eliminó el cohecho. Ibáñez, con avanzada enfermedad
senil, a los 80 años, se disfrazaba de bombero cuando había inaugurar un
cuartel; de carabinero, cuan la ocasión correspondía; de obrero de la
construcción en las inauguraciones de un edificio, así, sólo le faltó usar la
“sotana” en el Te Deum de fiestas patrias.
Pasaremos de largo a muchos otros personajes
populistas –José Santos Salas, (1927), el general Abdón Parra, “el cura de
Catapilco”, Antonio Zamorano Herrera, y muchos otros– para centrarnos en
Francisco Javier Errázuriz (Fra-Fra), un empresario exitoso y dueño de UNIMARC
para ese entonces, que se vanagloriaba el haberse hecho rico por “la crianza de
pollitos”, mostrando a los incautos que cualquier persona podría convertirse en
un millonario emprendedor –estúpido término chileno para blanquear a los sinvergüenzas
empresarios, entre ellos, a los dueños de supermercados- Fra-Fra prometía
terminar con la UF en un solo día.
Dentro de sus ambiciones políticas, armó el partido
Unión de Centro Centro Progresista, en 1990, luego de su derrota en las
elecciones de presidente de la república, en que obtuvo un 15% de sufragios, en
1993 logró dos diputados, con el 3,2% -
uno de ellos fue su mujer, la original Toyita Ovalle, que se dedicaba a tejer
durante las sesiones plenarias en la Cámara, mientras sus colegas debatían
sobre las mejoras en sus sueldos - y, en 1997, también dos diputados, con el
2,1%- Otro fue Alejandro García Huidobro, hoy de la UDU, y senador “designado”,
que representa la región de O´Higgins-.
Laurence Golborne, podría ser catalogado como un
populista fracasado, un personaje tan ridículo, oportunista y de poca ética y
menos luces -que se aprovechó de la oportunidad del buen trabajo de ingenieros
y técnicos nacionales e internacionales, que con denodados esfuerzos sacaron a
los mineros “de las entrañas de tierra”- para presentarse como candidato a la
presidencia como candidato de la Alianza, pero a medio camino, saltó el
escándalo de CencoSud y de su dinero invertido en los paraísos fiscales de Las
Islas Vírgenes, para lanzarlo a la lona, con la consiguiente traición y falta
de ética del diputado Patricio Melero y la directiva de este Partido fascista,
que ya tenía preparado su reemplazo por Pablo Longueira. Como este personaje
tiene poco aprecio por su dignidad y además, es un “Juan lanas” aceptó, sin
titubear, la candidatura por Santiago Oriente. El populismo de derecha
presentaba a Golborne como alguien que venía de Maipú, proveniente de una
humilde familia de ferreteros, y se convertía en gerente de CencoSud, propiedad
del alemán Paulmann.
Ahora, Franco Parisi se suma al populismo de
derecha: se presenta como un profesor universitario, un economista que da
consejos a los endeudados –que son caso todos los chilenos– a veces, a través
del Canal La Red, y como Carlos Ibáñez que se presentaba como el “general de la
esperanza”, Franco Parisi pretende ser “el economista del pueblo” quien, a
partir de sus “originales diagnósticos” en que todo “el mundo está forrado”,
pretende poner paños de agua tibia a los pobres e incautos, endeudados hasta
las canillas. Antes, hacía un espectáculo televisivo junto a su hermano
Antonino -desapareció de la faz de la tierra a raíz de un problema con un
colegio que regentaba– en el cual trataba de sostener las más peregrinas
teorías económicas.
Franco Parisi es como un personaje de la película
de Woody Allen, Zelig –pretendía, para caer bien a los demás, disfrazarse de
sus interlocutores, en cada ocasión: aparece, por ejemplo, como cantante de
jazz en un cabaret de los años 20; otro día, asoma como un miembro del partido
nazi, de Hitler; al siguiente, se disfraza de psiquiatra … - es el hombre de
las mil caras de la década de los 20, Franco lo es de 2013: dice exactamente
las vulgaridades que halagan a los incautos y sobre todo, desilusionados de los
partidos políticos y de las demás instituciones –Parlamento, Ejecutivo,
Tribunales de Justicia –ataca a los eternos atiputados y de paso, ofrece pega a
medio mundo.
Parisi no es ningún aparecido en la política: fue
miembro de uno de los grupos Tantauco, votó por Sebastián Piñera en las dos
vueltas y ahora se consagró como un populista de derecha, que los periodistas
levantan como un fenómeno, sobre la base de una encuesta telefónica –la Ipsos–
cuando todos sabemos que casi nadie tiene teléfono fijo y que este tipo de
encuestas, a un universo de 1.200 personas, resultan más falsas que Judas. Uno
creería que los periodistas en general y en particular los que apoyan a Parisi,
debieran tener más espíritu investigativo y no tragarse el primer sondeo que se
muestra a sus ojos, como verdad de fe. En una crisis de representación
política, es muy fácil que surjan personajes como Franco Parisi, que hacen del
halago a los incautos una forma de cazar votos.
Para Tejemedios escribió:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
HISTORIADOR, ESCRITOR, DOCTOR EN EDUCACIÓN