No hay caso: en este país conservador jamás habrá
un debate como Dios manda, pues la ausencia de contradicciones en sus
planteamientos entre los candidatos, sólo favorece a un sector: el duopolio, en
especial, a la candidata de la Concertación que, toda calma y comodidad, se da
el lujo de callar u omitir cualquier cuestionamiento - es como si fuera una virgen que acabara de
caer de los cielos, que carece de pasado y que sólo es presente -.
En el candente tema sobre educación los candidatos estuvieron de acuerdo en eliminar el lucro,
terminar con la selección, con el copago, por una educación igualitaria,
gratuita, de calidad y republicana, salvo, claro está, Evelyn Matthei que, al
igual que su mentor, Sebastián Piñera, es partidaria de concebir la educación
como un bien de mercado – el que tiene más, compra lo que
le parece mejor -. El diagnóstico es demasiado evidente, en el llamado
“debate”: escuelas para ricos y escuelas para pobres - para “estrellados y para
los que nacen “con estrella”; los “Machuca, lavando pisos y, los Infante,
ejerciendo de gerentes – escuelas que se venden con alumnos incluidos y copago,
inventado por el ex ministro de Educación, Jorge Arrate, y así sucesivamente.
Michelle Bachelet, o es la reina de los hipócritas,
o quiere engañar a muchos “giles” o, también puede ser ingenua, pues ella fue
la propiciadora de la Educación Pública, al aprobar la LGE, en una “transaca”
repugnante con la derecha. Sus ministros de educación fueron, en su mayoría, un
desastre y muy rechazados por los indignados estudiantes – Martín Zilic debió
abandonar el cargo debido a su incapacidad para resolver los problemas
educativos, puestos en la agenda por los pingüinos; Yasna Provoste fue acusada y
condenada por el Congreso y, Mónica Jiménez, fue encara por María Música y
humillada al recibir de esta estudiante un vaso de agua en pleno rostro –
esperemos que ahora no cometa los mismos errores que en “su primera
encarnación”.
En economía, hay aportes importantes de algunos de
los candidatos como la nacionalización del cobre, como también la propuesta de Marco
Enríquez-Ominami al proponer utilizar íntegramente los recursos del cobre para
financiar la revolución educacional – a mi modo de ver, no debiera ser
paulatina, sino radical, pues hay que destruir de, raíz, el modelo de mercado
de Friedman -. En este pseudo-debate se omitió la reforma tributaria, que
constituye la base del financiamiento de la necesaria revolución, tanto en
salud, como en educación.
Personalmente, me gustan las intervenciones de
Roxana Miranda, pues dan un toque de realidad al mostrar el Chile
clasista, racista y xenófobo, con
ejemplos concretos de la vida cotidiana
de los más pobres, pero esta vez pienso que no estuvo a la altura de la primera
parte del debate de ANATEL, pues estuvo bastante repetitiva y carente de
propuestas.
Fuera del escenario del foro, el periodista Mery,
asesor de Franco Parisi, protagonizó un incidente digno de su bajo nivel
intelectual y moral, agrediendo a
periodistas de La Tercera y la Radio Bío Bío. No hay caso: Parisi, en
verdad, no posee la estura requerida
para ser candidato presidencial.
Este último día de “preguntas y respuestas” entre
periodistas y candidatos, estoy seguro de que tendrá muy poca incidencia en la
intención de voto de los indecisos que, por lo demás, los candidatos no
lograron diferenciarse entre sí, pues sus respuesta eran bastante similares –
salvo las de Matthei, que representa a la ultra derecha conservadora y su posición frente a temas como la
educación y la economía estaban pauteadas previamente.
Estos falsos “debates” no cumplen la función de
educar a los electores, y nuevamente se perdió una buena oportunidad para
acortar la brecha del analfabetismo político. La televisión abierta que pudiera
ser el medio para llegar a la gente - que ve cuatro horas de televisión al día
– se ha transformado en el adormecimiento y conformismo del ciudadano común. Y
pensar que ley de televisión digital no solucionará en nada este marasmo cultural.
Para Tejemedios escribió:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
HISTORIADOR, ESCRITOR, DOCTOR EN EDUCACIÓN