Además de ser una siutiquería, es una falacia que
“en las elecciones se expresa la soberanía popular”, pues desde que existen los
candidatos, los gobiernos, los partidos políticos y, sobre todo, los dueños del
poder económico, los interesados recurren a diversos expedientes para
falsificarla. Entre esas patrañas podemos destacar: 1) el sistema binominal; 2)
el cohecho directo o disfrazado – por
ejemplo, en anteojos, zapatos, y otros , el primero y, el segundo, en
intervención electoral, feria de bonos y oferta de trabajo -; 3) el aporte
económico de las transnacionales a las distintas candidaturas.
En Chile, durante el siglo XIX nuestros bisabuelos
eran más francos: el Presidente nombraba a su sucesor y al parlamento en pleno;
posteriormente, hacia el siglo XX, con un poco de dinero se compraba un escaño
en el congreso – según el historiador Alberto Edwards, los cargos
parlamentarios eran equivalentes a los títulos de nobleza que ostentaban los
antepasados coloniales de los padres conscriptos – y cada uno valía un millón
de pesos de la época (hoy, equivalente a un millón de dólares) -.
En la actualidad, según los investigadores de
CIPERChile, Endesa, Enersis y otras empresas eléctricas van a repartir, entre
todos los candidatos, un buen paquete de millones de dólares – “entre todos los
candidatos” es un eufemismo, pues siempre hay unos más iguales que otros -. Por
cierto, los bancos y los malls no declaran cuándo entregan a los candidatos que
tienen más posibilidad de triunfar en el binominal que, evidentemente,
pertenecen al duopolio.
Podemos estar seguros de que los parlamentarios
elegidos van a legislar a favor de las empresas y así se convertirán en unas
marionetas de sus verdaderos patrones. Al menos, en el parlamento de otrora no
disimulaba: había consejerías parlamentarias en que los “representantes del
pueblo” se sentaban en los directorios de las empresas y no faltaba el
frescolín que, con frecuencia, elegía siempre integrar las comisiones donde
estaba la papa – minería, agricultura y bancos -.
Ciudadanos inteligentes.cl acaba de publicar los
aportes económicos, reconocidos por las
distintas candidaturas presidenciales, en que sólo cuatro de ellas han
develado este misterio: Marco Enríquez-Ominami – que lo hizo en primer lugar -,
seguido de Marcel Claude, Ricardo Israel y de Franco Parisi; aún estamos a la
espera de que los otros cinco los imiten y transparenten sus intereses y
compromisos con sus benefactores.
Voto inteligente.cl está comparando los programas
de los candidatos e, incluso, basándose en un perfil del visitante, indica cuán
de los programas de gobierno se acerca más
a sus ideas - lo único triste es que,
casi seguro, Bachelet no va a cumplir ni un 10% de sus propuestas, con
la explicación de que no cuenta con la mayoría en el Congreso, es decir,
echarle la culpa a los democratacristianos y a otros reaccionarios que hoy
forman parte de su comando -.
El querer convertir la plutocracia en democracia es
un buen deseo y muy loable por parte de ciudadanointeligente.cl, pero es muy
difícil, pues equivaldría a transformar a la familia Corleone, o al Cartel de Medellín en una pía
asociación, como los “Caballeros de Malta”. Lo cierto es que, en Chile, cada
cuatro años hay un remate de cargos parlamentarios – como La Polar, “llegar y
llevar”.
Para Tejemedios escribió:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
HISTORIADOR, ESCRITOR, DOCTOR EN EDUCACIÓN