La Concertación hoy, camuflada en la Nueva Mayoría
– o la nueva tontería – nos ha probado, hasta la saciedad, que no es más que la
continuación del régimen de Pinochet que instaló a sangre y fuego, incluso,
profundizando el sistema neoliberal que los Chicago Boys de la época
impusieron sobre la base del terrorismo
de Estado. Los ministros de Hacienda de la Concertación, verdaderos mandarines
de la transición a la democracia, ya precisaban de la fuerza de las armas y del
terror para implementar medidas económicas, que no difieren en mucho a las aplicadas por la
dictadura.
Los presidentes monarcas elegidos eran fácilmente
dominados por sus ministros de Hacienda - en este caso reemplazaban a las
amantes de los borbones o a los válidos, como Manuel Godoy respecto al rey
Carlos IV – Alejandro Foxley, Aninat, Nicolás Eyzaguirre y Andrés Velasco, que
estaban dotados, quizás, de más poderes que el propio Presidente de la
república.
La Concertación no sólo fue un apéndice de la
dictadura en el plano de la aplicación del neoliberalismo económico, sino que
también careció de coraje para enfrentarse
a los militares y a todos los demás sectores en materias de violación a
los derechos humanos. El balance de sus veinte años de gobierno es bastante
negativo: el primero, por terror ante las presiones militares y, segundo, por
“transar sin parar” con la derecha en cuestiones fundamentales, especialmente referidas a los derechos
humanos. En el “prontuario” de los Presidentes de la república de este
conglomerado podemos consignar, sucintamente, los siguientes hechos: 1) la
aplicación de la “razón de Estado” para salvar al hijo de Augusto Pinochet,
acusado de graves delitos económicos; 2) gestión de la liberación de Pinochet,
preso en Londres, pretextando la falsedad de que sería juzgado en Chile; 3)
Eduardo Frei y Soledad Alvear firmaron el decreto de construcción de una
cárcel, en Punta Peuco, para albergar a genocidas.
Durante los gobiernos de la Concertación, si bien
se redujo la extrema pobreza, la desigualdad se ha mantenido incólume – el
índice GINI así lo indica – y la concentración del poder económico, incluso, se
ha radicalizad dándole aún más poder a unos pocos millonarios, que se han
adueñado del país. Por otra parte, no mostraron ninguna voluntad para
reemplazar las AFPs y las ISAPRES por un sistema de previsión mixto y una salud pública de calidad.
En 2009 se llevó a cabo el primer intento de
superar un escenario dominado por las fuerzas del duopolio, con el
proyecto-país planteado en el Decálogo de
la candidatura de Marco Enríquez-Ominami. A pesar de haber obtenido un
20% en la primera vuelta, en las elecciones presidenciales – la más alta de un candidato en el período de transición –
no se pudo poner fin al inicuo sistema de la democracia de los acuerdos, que
nos llevó a tolerar, por cuatro años más, un pésimo gobierno de derecha,
encabezado por Sebastián Piñera.
En 2013, con nueve candidatos a la presidencia de
la república, y con la derecha prácticamente derrumbada, nuevamente se presenta
la posibilidad de eliminar la colusión duopólica de los Partidos que representa la vieja política - hoy la
Concertación y la Alianza, después de cuatro años, tiene menos apoyo popular
que nunca, sin embargo, un proyecto
populista y ambiguo, encabezado por Michelle Bachelet, puede salvar a
los desprestigiados dirigentes de la
Concertación de su seguro ocaso político
-. Con un posible triunfo de esta candidata podrán seguir repartiéndose el
botín del Estado a su amaño.
La historia nos prueba que candidatos elegidos con
amplio apoyo popular han terminado por defraudar a sus electores – Carlos
Ibáñez del Campo, en 1952, elegido con 444.000, y de Eduardo Frei Montalva, en
1964, con el 55,7%, y últimamente, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, con el 58%; estos
tres gobiernos terminaron en un verdadero desastre -, pues el populismo y la
ambigüedad programática pueden pagar bien en el plano electoral, pero pésimo en
el arte de gobernar.
Es lamentable que el miedo al futuro lleve a muchos
electores a elegir combinaciones políticas que, lo más probable, es que engañen
al pueblo nuevamente. El olvido de la gestión de la Concertación, durante dos
decenios, puede conducirnos a una repetición de plato.
Si nos empapáramos más de la historia, podríamos
comprobar que todos gobernantes elegidos dos veces, no han tenido éxito en su
segundo período.
Para Tejemedios escribió:
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
Historiador, Escritor, Doctor en Educación y ex Diplomático