Como en el famoso cuento
infantil, a la pregunta “¿quién es la
más bonita del mundo? Siempre responde lo que quiere el interrogador. La
Encuesta CASEN cumple una función similar: Sirve para mostrar que el rostro monstruoso
de la extrema miseria y la pobreza disminuye año tras año gracias a las
políticas de los gobiernos, -antes de la Concertación y hoy de la Coalición por el Cambio.-
Churchill decía, con razón, que no hay nada más
mentiroso que las estadísticas, pues, en el caso de la Encuesta CASEN este
aserto se confirma plenamente. Veamos algunos trucos que convierten a este
espejo virtual en un falsificador de la realidad: La línea de la pobreza es de
$64.134; si un ciudadano tiene como ingreso $65.000, deja de ser pobre para
engrosar la fila de los felices chilenos
que no padecen esta lepra social. En el caso de la indigencia, el límite de
$32.000; si se cuenta con $33.000, pasa al estado superior y deja de ser
indigente.
Con estos parámetros arbitrarios,
basados en una canasta básica y que no da cuenta del aumento de la inflación
para los pobres, sobre todo por el incremento del precio de los alimentos y
transporte, es obvio que la CASEN actual, arroje una cifra del 14,4% de pobres
y de un 2,8% de indigentes. Si se aplicara un límite de la pobreza por un ingreso
de $102.000, la pobreza aumentaría, fácilmente, al 33%, es decir, un tercio de
los chilenos serían pobres – lo que corresponde a la realidad de hoy - .
De aplicarse una medida justa
respecto a la pobreza, el “espejo” del cuento infantil se desquebrajaría en mil
pedazos y, junto con él, las erróneas políticas públicas dirigidas a combatir
la pobreza. Estoy convencido de que para enfrentar esta plaga que corroe el
alma de Chile se necesita, al menos, conocer a fondo la realidad de la pobreza
Es un lugar común que los pobres no son solo un numero sino seres humanos de
carne y hueso cuya vida corta y precaria es una realidad gris y marginada
El Presidente Sebastián Piñera y
su ministro de Hacienda miran la pobreza como un asunto estadístico, por
consiguiente, tienen derecho a complacerse ante la baja del 15,1% al 14,4% en
el índice de pobreza. Discrepo de esta manera de ver la política: A mí me duele
la pobreza, como diría Miguel de Unamuno son hombres de carne y hueso con más
de lo primero que de lo segundo. Los pobres no son un dato estadístico, son
chilenos, personas con dignidad, que están sometidos a un monstruoso y caro
sistema de transportes; al precio del kilo de pan, $1.000, alimento muchas
veces único en el día a día; ni hablar del vestuario, ni mucho menos enviar a los
niños a la escuela; ni pensar en salud, donde son tratados como un numero
Aun cuando falsa y distorsionada,
la CASEN sirve para mostrar también el Chile fragmentado entre las distintas
regiones: La Araucanía sigue teniendo un 22,9% de pobres que, si se aplicara mi
propuesta del aplicar una divisoria de $102.000 para establecer la línea de
pobreza, La Araucanía estaría cerca al 60% de pobres. Bío Bío, el 21,5%; de
aplicarse la medición propuesta, sería más del 50%. Lo mismo ocurriría con la región de Los Ríos.
Entre las dos encuestas CASEN, Arica ha aumentado su pobreza en un 23%, y,
Valparaíso, en un 12%.
En la CASEN actual, la pobreza no
existiría en Aysén, ni en Magallanes – pero para los empresarios -. Al parecer,
las regiones extremas están viviendo en jauja, aquella región medieval donde
sobraba tanto la comida, como los placeres. Como la CASEN “orienta” las
políticas públicas, es precisamente en Aysén y Magallanes y, hoy Atacama,
donde han despertado los movimientos
sociales más potentes, de carácter regional.
Para Tejemedios escribió:
Rafael Gumucio Rivas
Historiador, Escritor, Doctor en
Educación y Ex Embajador en Francia